El costo de nuestra democracia

Con mi solidaridad para los compañeros
de este periódico desaparecidos en Zacatecas
En Nueva Zelanda habrá elecciones en una semana. Para cualquier mexicano sería, obviamente, inusual la forma en que se desarrollan las campañas políticas –si es que a esto se le puede llamar campaña- en este país.
Las nuestras son, por decir lo menos, exuberantes. Y, sobre todo, ofensivamente caras, no en balde los comicios mexicanos son considerados de los más costosos del mundo.
Según los últimos datos arrojados, el Instituto Federal Electoral (IFE) pedirá más de 15,000 millones de pesos para los comicios de 2012, 5,000 millones de los cuales se destinarán a los partidos.
Resulta paradójico: ¿no daría más credibilidad a nuestras instituciones que los propios partidos y el IFE redujeran al mínimo el gasto de unas elecciones que, tristemente, dejan siempre nuestro sistema democrático bajo sospecha?
¿No sería mejor que, como lo ha hecho este año Nueva Zelanda, en virtud de la crisis económica mundial, disminuyeran el presupuesto para los comicios y destinaran tales recursos a áreas de mayor prioridad: educación, salud, seguridad? 
No tú o yo, sino nosotros
En Nueva Zelanda, por lo demás, las campañas políticas, aparte de nada onerosas, son sobrias. Nadie verá esa ringlera de rostros de candidatos a todo lo largo y ancho de calles y avenidas, sino apenas en un par de sitios estratégicos que, de tan discretos, cualquiera pensaría que lo que menos quieren es “incomodar al vecino”.
Yo supe que habría elecciones, sí, porque me llegó hace poco el periódico (que el municipio distribuye gratuitamente cada semana a la población) y en él se dedicaban unas cuantas páginas a los candidatos, su perfil y sus propuestas de campaña. Además, se ofrecía un pequeño calendario de lugares en donde se presentarían para responder preguntas a la ciudadanía.
En el periódico de esta semana (una antes de las elecciones) volvió a publicarse la información de los candidatos y el recordatorio de que nos llegará en próximos días la boleta electoral para que marquemos a nuestros aspirantes de preferencia, la metamos en un sobre prepagado y la enviemos a la dirección correspondiente. Todo esto desde la comodidad de tu hogar.
Más tarde sabremos por televisión quiénes fueron los triunfadores y, poco después, como ocurrió hace tres años, el perdedor levantará la mano del triunfador y todo volverá a la normalidad.
Porque así es la verdadera democracia: no tú o yo, sino nosotros.
No habrá pasquines tirados en la calle, ni miles de autobuses con el rostro de los candidatos, ni espectaculares en los cerros y carreteras. Nada.
Visto comparativamente, podríamos hacernos varias preguntas sin temor a extraviar el camino. La más obvia, ciertamente, es: ¿cuál sistema será más efectivo? Pero la más importante: ¿por qué?
La crisis que atraviesa hoy nuestro país (más moral que económica, sin duda) debería sensibilizar a toda la clase política para reducir considerablemente los gastos de campaña. Deberíamos aplicar la misma lógica que normalmente aplicamos en la economía del hogar: si apenas tenemos para comida, ¿será sensato gastar en un reloj-pulsera o en un candelabro para la sala?
Si de verdad los partidos políticos buscan el bien social (sobre todo ahora que las izquierdas ya tiene en Andrés Manuel López Obrador a su candidato): ¿por qué no nos convencen de que sus discursos, al menos por esta única vez, no irán a contracorriente de sus actos?

Artículo aparecido en el periódico El Financiero.

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7 comentarios en “El costo de nuestra democracia”

QUERIDO AMIGO: NOSOTROS SOMOS LATINOS. COMO TALES, GESTICULAMOS, GRITAMOS, DISCUTIMOS-SI NOS DEJAN-,Y GASTAMOS LA PLATA DE LOS INOCENTES- LA MITAD DEL PAÍS- EN BELIGERANTES CAMPAÑAS QUE PARECEN MÁS QUE CAMPAÑAS, UNA GUERRA DONDE EL GANADOR GRITA TRES HORAS ANTES DE LO LEGAL QUE YA GANÓ.¿SERÁ CIERTO QUE VIENEN ERAS MEJORES? ESPERO CON UNA FE ENORME. BESO, CARMEN

Hola Rogelio! La situación que atraviesa nuestro país (moral, económica, etc.) es lo que menos importa a nuestros candidatos, cada uno busca su beneficio personal sin importar la condición del más pobre, sin considerar para que un país progrese necesita que toda su población crezca al parejo; para lograr un proceso electoral como el que describe tendríamos que empezar por tener canditados con vocación de servir y hacer crecer a nuestro país, y no los que sólo buscan enriquecerse a expensas de la ciudadanía, como siempre felicidades por sus artículos, un saludo!

Me quiero mudar para allá…qué medidos son en Nueva Zelandia, wow.
Abrazos desde Taos…

Javier C Bravo Magaña 18 noviembre ,2011 a las 7:48 pm

Felicito a Teresa Dovalpage por su uso de la palabra ‘Zelandia'(Como en Islandia, Disneylandia, etc), y me gustaría preguntarle ¿por qué no va con la moda contemporánea que escribe ‘Zelanda’ (pero no Islanda, Disneylanda, Cartolanda, etc)?

Javier C Bravo Magaña 18 noviembre ,2011 a las 7:49 pm

Rogelio: en vista de mi comentario para Teresa Dovalpage ¿le podrías dar mi email para que me conteste ahí? Gracias.
Javier

Excusas sobran para justificar la situación de México y el actuar de sus ciudadanos: “la corrupción es nuestra herencia”, “así es nuestra idiosincrácia”, “somos latinos”, y una larga letania que muchos ya nos sabemos de memoria y que no vale la pena mencionar. Desde que se inventaron los pretextos se acabaron los ….. Así que si queremos que México sea diferente, y que se parezca más a países con mejor calidad de vida como Nueva Zelanda, tenemos que ACTUAR. Asociarnos, compartir nuestras ideas sobre democracia, libertidad y justicia social y sobre todo, como lo menciona acertadamente Rogelio “que nuestros discursos no vayan en contracorriente con nuestros actos”.

Algo parecido es Canadá, con eso de las elecciones, discretos y sobrios. Pero en nuestro amado México, la cosas son diferentes, debemos asumir cada uno la responsabilidad que nos toca, y buscar incidir en el cambio, buscando una mejor distribución de la riqueza.

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