El más buscado, de Alejandro Almazán

Todos (o casi todos) sabemos que la realidad en México está compuesta de, por lo menos, dos realidades a su vez: la que uno lee en los periódicos, ve en la televisión o escucha en la radio, y la otra, la que uno conoce solo si está en el lugar de los hechos y la ve con sus propios ojos, la oye con sus propios oídos y la palpa con sus propias manos. Algunos (muy escasos) medios de comunicación nos abren una rendija para ingresar en esta última, pero son muy contados y cierto es que de tanto que se dice por aquí y por allá uno corre el riesgo de enredar lo que es real con lo que es mentira, y viceversa.

 

Desde que El Chapo Guzmán se convirtió en el capo del narcotráfico más bragado de todo México, los mitos y leyendas que han surgido en torno a su persona se han desbocado. Las versiones corren como el viento encanijado y, como la propia realidad que subyuga a todo el país, uno ya no sabe muy bien qué es cierto y qué no.

 

Lo que nadie niega es que un día después de que escapó de la cárcel de Puente Grande, el Chapo Guzmán se convirtió en el prófugo más buscado del mundo.

 

Es al Chapo Guzmán que el escritor y periodista Alejandro Almazán (México, 1971)  dedica su última novela, titulada parcamente así: ‘El más buscado (Grijalbo, 2012). Precisamente para no caer en la tentación de decir una cosa por otra es que Almazán prefirió la novela y no el periodismo, que demanda mayor objetividad y precisión de datos, pero esto no quiere decir que El más buscado no pueda ser una biografía novelada no sólo de El Chapo Guzmán sino del propio narcotráfico en México, pues los ecos que resuenan en sus páginas se entierran hasta la infancia del  líder del Cártel de Sinaloa, de quien otro escritor y periodista del mismo calado, Diego Enrique Osorno, nos da cuenta en su libro El cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco.

 

Almazán, ganador tres veces del Premio Nacional de Periodismo, nos expone los entretelones de la vida de Felizardo El Chalo Gaitán, quien vendría a encarnar al propio Chapo Guzmán. A lo largo de casi doscientas páginas, el Chalo Gaitán, en un monólogo delirante y cuajado de pródigas digresiones, le contará al Cuervo, un compositor de corridos,  lo que ha sido su infancia, su ingreso al narcotráfico, la relación con los narcotraficantes, sus vínculos con el poder y los políticos, las mujeres que más ha amado,  su posición ante los gringos, los intríngulis de su polémica fuga de Puente Grande, su vida en la Sierra (desde donde precisamente cuenta su historia), sus opiniones sobre el periodismo y los periodistas, su filosofía de vida, lo que ha significado el narco para la economía mexicana, sus manías,  todo ello de forma franca  y sin tratar de impresionar a nadie, porque, como lo diría el propio Chalo Gaitán, “hay que ser puercos pero no trompudos, viejón”.

 

Yo podría adelantar aquí, por ejemplo, lo que piensa El Chalo Gaitán sobre los políticos (incluso sobre el presidente en turno), o sobre los periodistas, pero nada hay mejor  -de veras- que escucharlo de propia voz de don Felizardo, una voz (gran mérito que le debemos a Almazán) bien amartillada, sin descarrilamientos, ruralísima y descubridora de las verdades que brotan de haber tenido siempre las manos bien enterregadas de pura vida. La novela, así, se nos impone como un gran adagio popular:

 

Uno no nace asesino ni traficante. Se hace, viejón. ¿Y sabe por qué? Porque la sociedad en la que vivimos nos niega el derecho a ser hombres.

 

A través del Chalo Gaitán, Almazán nos va descascarando precisamente una sociedad (la nuestra) en donde “la honestidad no sirve pa’ nada” y en la que “basta con que eches a andar una neurona para darte cuenta de que, desde que naciste, vives en un país de mentira”.

 

Almazán pertenece a esa clase de escritores a los que se les nota que tuvieron que cargar una dura piedra sobre la espalda para poder sobrevivir. Un escritor con un par de ojos que no se arredran ante las realidades más aciagas de nuestro país y que, en cambio, nos las entrega como si las estuviéramos viendo por primera vez.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios