El Trío Tlatoani en el Congreso del Estado

Hace poco una foto mostraba al diputado perredista Rafael Mendoza haciendo
de mesero en la birriería de su familia. La foto se la hizo tomar el mismo
diputado para publicarla en Facebook, creyendo que con ello se haría más
popular. La acompañaba, además, una leyenda boba: “llevo quince pesos de
propina jejeje”. Acusé en tuiter de populachero al diputado perredista con
el fin de sentar un precedente sobre un hecho que debería indignar a cualquiera,
pues pone las funciones medulares de un legislador por los suelos. Que se sienta
orgulloso de ser y pertenecer a una familia de birrieros es, dicho sea de paso,
un sentimiento muy bonito, pero de ahí a que a la sociedad nos importe saberlo
hay mucha distancia. La información que el diputado Rafael Mendoza, y todo
congresista, debería estar publicando en las redes sociales tendría que estar
relacionada, para este caso, con su trabajo legislativo, y no mezclar una cosa
con la otra. Pero no conforme con lo anterior,  pocos días después, el diputado
perredista anunciaba casi con banda que había sido galardonado con el Premio
Tlatoani como mejor diputado, y que tal galardón lo compartía con otros dos
legisladores más: Marco Barajas y Mariano Trillo. No pasaron ni dos días cuando
medios de Zacatecas y Sinaloa acabaron con la música y con los músicos que ya
traían los legisladores colimenses al anunciar que el Premio Tlatoani era patito
y que adquirirlo costaba de diecisiete a treinta y cinco mil pesos. A mí no me
asombró esta información y creo que a nadie, pues de los tres legisladores
mencionados no se hace uno solo, y estoy seguro que si sentamos al Trío Tlatoani
a redactar una iniciativa de ley seguramente  terminarán dándonos, nada más,
una receta de birria vegetariana. Si bien nos va.

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