Esa esperanza que todos llevamos dentro

La semana pasada regresé de Japón, por segunda vez. Estuve esta vez en Osaka y Kobe, ésta última enclavada entre el mar y la montaña. Me sorprendieron varias cosas. Me sorprendió, por ejemplo, así a primera vista: la limpieza, la organización, la amabilidad del japonés, la eficiencia de los servicios. Pero, sobre todo, había algo que en ciudades de esa densidad poblacional uno no esperaría: paz. Podría parecer extraño, pero sí: encontré paz. Un agradable sosiego que me traía de vuelta una seguridad que, hoy más que nunca, extraño en mi país o ciudad. Me pregunté, entonces, qué necesitaba mi país o ciudad para volver a la calma, qué interruptor había que subir o bajar para que las calles quedaran limpias de sangre y miedo. Las respuestas parecen obvias y se precipitan en lugares comunes. Ya hasta la violencia es un lugar común, malamente. Sin embargo, es importante enfatizar algo más: dónde está el interruptor que nos hará ya no sólo respetar a los otros sino empezar a tener vergüenza de nosotros mismos. Por ahí anda de mal el asunto de fondo. Contrastando con la multitud de rostros japoneses, pareciera que en nuestro caso lo único real es el éxito personal, a cualquier precio. Lo veía mientras caminaba las calles de Osaka y Kobe: no encontré un solo papel tirado ni en la calle, ni en el vagón del metro, ni a la salida de los centros comerciales. Pregunté a la profesora Mizuho Narita, que me asistía, de dónde venía todo eso y fue resuelta en decirme que todos (no uno ni otro, sino todos) tomaban conciencia del poco espacio que tenían para vivir como para habitarlo suciamente. Y así como eso, encontré de pronto una marca amarilla que atravesaba toda la ciudad (calles, andadores, jardines, universidades, plazas), y lo mismo: es la señal-guía de los invidentes, que, gracias a eso, pueden llegar a todas partes. Me pareció una bella imagen para traspolarla a mi ciudad, que, como se sabe, llevo en la espalda a donde voy. Ahora que el gobierno de Mario Anguiano cumplió un año, un año adverso en muchos sentidos, sobre todo por el tema de la violencia, pensaba que ojalá no sólo él ni su gabinete sino toda la sociedad deberíamos también deponer las armas del interés individual y soñar con hacer confluir la esperanza colectiva. Yo espero que la palabra esperanza, como la luna de los románticos, no se vaya a convertir nunca en un lugar común. Nunca de bruces ahí. Por el bien de los niños que vienen, por el bien de los jóvenes que empiezan a volar, por ellos, al menos, como en Osaka o Kobe podríamos limpiar las calles y luego poner  en ellas una señal-guía de color verde que no sea sólo para que los invidentes lleguen a los lugares más imposibles sino para hacer que se encuentren y dialoguen sin contrariarse, a través de esas calles o puentes que comunican, el jardinero con el diputado, el diputado con el juez, el juez con el gobernador, el gobernador con el comité de barrio, el comité de barrio con los vendedores del mercado, los vendedores del mercado con el poeta, el poeta con el canto de los pájaros, y luego abrir más calles limpias por las que lleguen a mi país o ciudad los inversionistas extranjeros, y calles limpias por las que lleguemos a consensos o a la justicia, o calles limpias que no vayan nunca en dirección al vituperio y la confrontación. Calles, calles, así como en Osaka y Kobe, limpias y largas, que nos atraviesen también el cuerpo, y nos remuevan el corazón y, de paso, nos abran la posibilidad de un cielo despejado y llenos de gaviotas.

AFmedios

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13 comentarios en “Esa esperanza que todos llevamos dentro”

Bien escrito, como siempre. Habiendo vivido yo en España bajo Franco, y habiéndome esforzado a más no poder para eliminarlo, me interesa lo que harías con los Talibanes que amenaza al mundo.

DQ

Estimado Rogelio:
Coincido contigo en el hecho de que, en efecto, gran parte de nuestro problema como paìs es que no tenemos una conciencia colectiva que nos haga no sòlo solidarios sino conscientes de nuestra corresponsabilidad y coparticipaciòn en la subversiòn de nuestro presente y la construcciòn de nuestro futuro. NUESTRO: tuyo, mìo, de los demàs. Sòlo asì, con ese espìritu comunitario, podrìamos tener calles y corazones limpios de individualismo a ultranza.
Saludos, Elizabeth

Muy bueno el tratado…!

Has dicho exactamente lo que todos traemos en el pensamiento. Los màs de este Paìs, pensamos lo mismo. Nos falta comenzar a actuar desde nuestras familias que son las raìces de la sociedad, pasar de las ideas a la acciòn.
Un saludo afectuoso.

Yo amo mucho el Japón y todos el mundo,
un saludo desede italia,
Elisabetta

bien hermano como de costumbre acertado en tus opiniones felicidades, lo que necesitamos es cambiar nuestra forma de pensar y lo digo como sociedad, ya que siempre queremos que los demas actúen por nosotros cuando cada uno de nosotros debe ser una actitud que convenza a los demas por el bien de nosotros y nuestra comunidad. Saludos

Me encantó el parrafito. Muy intenso y muy puntual. Compruebas que no se necesita decir tanto sino algo diferente. Felicidades me laegro de haberme tomado el tiempo de leerlo.

Excelente articulo tocayo.

Dr. Rogelio, me gustaría que pidiera una entrevista con el señor gobernador y le platique que sus experiencias en los diferentes países que usted a visitado para que tome algunas sugerencias y las ponga en práctica en nuestro estado y ponga multas a los ciudadanos que tiren basura en las calles para ver si así hacemos conciencia y dejamos de hacerlo, en Colima nos hace falta mucha cultura y respeto por nosotros mismos e imaginese si tenemos respeto por los demás

Es un texto contundente y profundo, me llegó al corazón. Si en en muchas partes del mundo triunfaran el amor, la paz y la hermandad, y no la violencia, la muerte y la destrucción, cambiaría todo en un momento. Saludos.

Hola Rogelio, te felicito por tan buenos comentarios, que son la realidad nos falta mucha cultura, lo sabemos pero no hacemos nada o quizas hacemos poco por cambiar nuestro Estado o Municipio y es verdad lo que comentan que debemos iniciar en el hogar que es donde inician los valores.
saludos

Muy buena lectura para empezar el día!! gracias!!

Hola, me encanta siempre lo que escribes, de verdad espero que como sociedad hagamos algo, y que tus ideas lleguen a las mas altas conciencias y un dia logremos tener de nuevo ese Colima (mi bello Colima¡!!) tranquilo, donde por las noches, se podia salir tranquilamente a caminar, lo a?oro. Felicidades que sigas deleitandonos con tus ideas¡!!!

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