Escritores y futbol

Fuente: SinEmbargoMX

La peor derrota del mundial fue la de Brasil contra Alemania. Se esperaba un partido difícil, pero no un fracaso humillante: 7-1. En los corrillos de la FIFA se definió como un “shock”. Nadie, en su sano juicio, lo vio de otra manera. ¿Por qué? Porque se trataba del pentacampeón mundialista, porque fue ejecutado y mutilado en su propia casa, porque ni siquiera le bastó haber tenido volcado un tsunami de camisas amarillas gritando vivas y porque, finalmente, nunca creyeron que perderían (se había hablado incluso de arreglos con la FIFA para que triunfaran). El equipo brasileño, en resumen, se confió. El alemán, jamás. Los escritores tienen mucho que aprender del futbol, sobre todo de la derrota de Brasil contra Alemania. Brasil es el escritor que, normalmente, se confía. Tiene la convicción de que tener muchos lectores (como la afición brasileña) es una señal contundente de éxito. También tiene la certeza de que por publicar en grandes editoriales o tener un agente literario bien relacionado, su camino está pavimentado y no presenta accidentes del tiempo. Además, se siente seguro de estar arropado por las instituciones de cultura de su propio país (como las de Brasil en arreglos con la FIFA): que lo becan, lo mandan a viajes, le otorgan premios, etcétera. El escritor, entonces, deja a un lado lo único que lo puede salvar de la derrota: escribir bien. Y, en cambio, se convierte en un personaje de farándula en donde lo extraliterario (la foto de la cubierta, los comentarios de la contraportada, el sello editorial, la participación en ferias de libros por venir) adquiere más importancia que lo literario (lo que nos cuenta y, sobre todo, la forma como nos lo cuenta). Alemania es, pues, el escritor que no se confía, como lo demostró al final de la Copia Mundial. Se enfocó en lo esencial (que era jugar bien, jugar con garra: como “máquinas”, se oyó siempre por ahí) y nunca desistió de hacerlo aun cuando estaba en una tierra extranjera, tenía prácticamente toda la afición en contra, no era ningún pentacampeón y nunca sobre él pesó la sombra de algún arreglo con la FIFA. Hizo lo que debe hacer todo jugador de futbol y todo escritor: jugar cada día más bien, escribir cada vez mejor.

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