Estudiantes y transporte público

Hace poco la Federación de Estudiantes Colimenses promovió una marcha (o más bien un zafarrancho) para protestar en contra del aumento del transporte público, que, en realidad, no sólo afecta a estudiantes sino a todos los usuarios en general.

Aún cuando sabemos que esta marcha (o zafarrancho)  sólo tiene como único fin legitimar al líder de la FEC, Fernando Mancilla, quien no ha dado una desde

que se religió como presidente de ese organismo, el asunto del aumento al transporte público toca varias fibras sensibles de la sociedad, en cierto modo paradójicas. Sin bien es cierto que todo aumento en los precisos de cualquier producto o servicio nunca es bienvenido, también es cierto que estos aumentos, en virtud de múltiples factores, son inevitables. En el caso del servicio de transporte tenemos un motivo casi irrebatible: el alza del precio de la gasolina,  un mes sí y otro también. Pero sobre esta alza la FEC, por ejemplo, no ha hecho zafarranchos, y vaya que motivos sobran. Este aumento en la gasolina impacta obviamente al transporte público de forma directa. ¿Aumenta la gasolina y no aumentan las tarifas de transporte? La respuesta parece obvia. Sin embargo, también es cierto que el transporte público en Colima es pésimo, y lo ha sido así desde que yo tengo memoria. Ni siquiera, a estas alturas del siglo XXI, se ha pensado, por ejemplo, en las personas con discapacidad, o en las de la tercera edad, ni en las madres que van con bebés y no saben dónde colocar sus carriolas.

Esto sin contar la actitud prepotente de muchos choferes. ¿Por qué no llegar a un acuerdo –sin zafarranchos ni naranjazos- mediante el cual no salgan perjudicados ni prestadores del servicio ni usuarios? Yo creo que si los prestadores garantizan un mejor servicio (que sea realmente tangible) los usuarios no tendrán ningún inconveniente en pagarlo. Lo malo es cuando uno paga y tiene que salir volando por la ventana porque

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