Historia de Cuca y el gobierno de la Gente de Nayarit

Viví durante un año en un pueblo olvidado de Nayarit, investigando para una próxima novela. La casa tenía un gran corredor con una mesa en el centro. Todas las mañanas me sentaba ahí a leer el periódico, al amparo del canto de los pájaros. El periódico me lo traía siempre a primera hora Cuca, una mujer con la piel parecida a la tierra cuando se agrieta y que renquea al caminar, lo que la ha hecho objeto de burlas, que ella repele a pedradas.

 

Cuca no sabe leer ni escribir, pero, dice, pendeja no la hacen. Lleva 30 años vendiendo el periódico en el pueblo. Empieza antes de clarear y termina al anochecer.

 

Por ahí, a lo lejos, se ve el espantajo que es su cuerpo atravesando las nubes de polvo que levanta el encanijado viento.

 

Desde el primer día sentí una afección especial por ella, sobre todo desde aquella mañana que me contó de cuando la llevaron a quitarle la matriz para evitar que tuviera hijos, creyéndola –indigno diagnóstico– una afectada mental.

 

Fue también por esas fechas que, parada al pie de la mesa donde escribía y leía el periódico, me contó, realmente arrebatada de emoción, que había conseguido entrevistarse con el gobernador Roberto Sandoval, un día de gira por el pueblo. Lo vio a lo lejos y se acercó a toda prisa, sorteando el muro de brazos y espaldas que lo protegían. Cuando lo tuvo enfrente, dice Cuca que, temblorosa la voz, le dijo: “señor gobernador Roberto Sandoval, yo quiero que por favor me cumpla 2 deseos. Sólo 2 deseos tengo yo en vida, señor gobernador”.

 

Cuenta Cuca que el gobernador Roberto Sandoval giró la cabeza y acercó el oído, y que Cuca entendió que era la señal para que se los dijera, lo que hizo inmediatamente: “Uno es –le dijo– tener una casa donde dormir, porque tengo toda la vida durmiendo en la calle, y el otro es una pensión, porque tengo 30 años trabajando para el periódico Realidades y no los veo con ganas de dármela.”

 

Cuenta Cuca que el gobernador Roberto Sandoval nomás hizo un guiño con el ojo y para pronto se acercó a ella una mujer acinturada pidiéndole su nombre, domicilio y teléfono, pero que como ella nomás tenía nombre (Cuca) pero no domicilio ni teléfono, llamó a la primera conocida que vio alrededor del gobernador y se hizo de tal información, que la conocida no tuvo reparo en brindarle.

 

Los ojos de Cuca eran 2 luces de bengala cuando terminó de contarme su historia. Los míos no. Pensé que sería una trastada más del supremo gobierno, pero no quise pisotearle la ilusión.

 

Cuca siguió dejando puntual todos los días el periódico en mi mesa de escribir, y, de vez en cuando, me iba dando noticias sobre los avances de sus dos deseos: que ya le había llamado la señorita asistente del gobernador, que ya le habían dicho que vendrían a medir su terreno, que ya le habían pedido los documentos para el trámite, que fuera otra vez a Tepic a firmar. Yo la escuchaba como aquel que ya sabe el final de la desdichada y misma historia de siempre, pero nunca hice una mueca siquiera que me delatara.

 

Un puñado de días antes de partir del pueblo, Cuca vino a casa. Llegó ligeramente distinta: el pelo pintado de negro y el vestido nuevo, de un color azul satinado. Cuando apenas iba a colocar mi café sobre la mesa, Cuca dejó caer la bolsa de periódicos y me dijo: “el señor gobernador Roberto Sandoval me ha cumplido mi primer deseo. Ya tengo casa”. Su boca sin dientes y sus ojos apergaminados por el sol se abrieron como las bisagras de los viejos portones. ¿Una casa, Cuca?, pregunté extrañado. Y de dos habitaciones, añadió Cuca. Sentí una alegría inusual, como si en realidad la casa me la hubieran dado a mí.

 

Alguien después me diría que al ser Cuca un personaje pintoresco del pueblo, el gobierno, nada tonto, se haría publicidad nomás. Ya no quise especular. No tuve ganas siquiera de creerlo. Qué más daba. Me quedé con lo único cierto que tenía entre las manos: la despatarrada felicidad de Cuca, su casa de dos habitaciones y el segundo de sus deseos, que espero también le cumplan, no importa que, tal vez, ya no vuelva a tener el periódico sobre mi mesa de escribir, puntual, todos los días.

 

 

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1 comentario en “Historia de Cuca y el gobierno de la Gente de Nayarit”

GUSTO EN SALUDARLO DESDE GUADALUPE VICTORIA, NAYARIT MAS CONOCIDO COMO LA VIROCHA , SOY EL PROFR MANUEL SU COLEGA , ME SALUDA A BRUNO Y A SU FAMILIA, OJALA Y PUEDA ENVIARME DE POR ALLA UNA SIRENA . JAJAJAJJ SUERTE Y QUE ESTEN BIEN

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