Huelguistas de hambre: la razón oculta

Hace un año hubo relevo rectoral en la Universidad de Colima.

Entre los candidatos para tal sucesión estuvo el priista Leonardo Gutiérrez Chávez, entonces regidor del ayuntamiento capitalino y líder del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad de Colima (SUTUC), quien, incluso desde antes de que arrancara formalmente el proceso sucesorio, había empezado a movilizar a todos sus agremiados para ese fin, incluso abriendo tentáculos hacia instancias políticas fuera de la institución educativa, pues hubo acusaciones de que el mismo gobernador Mario Anguiano, de quien se sentía cercano por pertenecer a su misma filiación política, lo apoyaba.

Una de sus banderas de guerra para salir airoso fue la denuncia de un desfalco por parte del rector en turno, Miguel Ángel Aguayo López, al Fondo Social de Apoyo al Pensionado (FOSAP), del cual el ex líder sindical quiso afianzarse para fortalecer su candidatura y restarle legitimidad al mencionado rector, su adversario.

La sucesión llegó y el ex líder sindical Gutiérrez Chávez perdió ante el condator público Eduardo Hernández Nava, quien fungía como coordinador general de Administración Financiera.

Inconforme con la decisión del Consejo Universitario, sobre quien recayó dicha determinación, Gutiérrez Chávez se hizo reelegir como líder sindical para poder coninuar sus denuncias relacionadas con el FOSAP, buscando esta vez desestabilizar el liderazgo del nuevo rector.

El conflicto del FOSAP, por un lado, llegó hasta la Auditoría Superior de la Federación, máximo órgano de fiscalización de nuestro país, que en un reporte señaló la inexistencia de las irregularidaes denunciadas por el ex líder sindical, y, por otro, el tema de la reelección escaló la Junta de Conciliación y Arbitraje, que ratificó sus inconsistencias.

Esto, más el empecinamiento del ex líder sindical, partió en dos grupos al SUTUC: uno que aglutinaba a la mayoría de los agremiados y otro que dejaba solo al ex líder sindical con un reducido número de seguidores, igualmente inconformes de no haber ganado la contienda rectoral.

La Junta Local de Conciliación y Arbitraje determinó, finalmente, irregularidades en la reelección de Leonardo Gutiérrez y el SUTUC, entonces, nombró a un nuevo dirigente: Luis Enrique Zamorano, quien representó los intereses de la mayoría de los agremiados.

Como resultado de esto, el líder depuesto, Gutiérez Chávez, y siete de sus seguidores se pusieron hace unos días en huelga de hambre en el jardín Libertad de Colima para denunciar (aliados ahora a Morena y el PRD, que reclutan en Colima a los “traicionados” del PAN y el PRI) la corrupción del gobernador del Estado, del rector universitario, de todos los órganos de justicia mexicanos (locales y federales), además de acusar la ceguera y traición de miles de universitarios y estudiantes que no apoyan su causa y proferir insultos contra todos aquellos medios de comunicación o articulistas que ven, claramente, que la razón de fondo que anima al dirigente depuesto no es su amor por la clase trabajadora universitaria (cuya mayoría ya lo abandonó), sino un mero rencor personal.

Si el líder depuesto hubiera escuchado la fábula del cuervo y la zorra, de Esopo, ahora seguiría siendo líder del SUTUC, habría seguro llevado a mejor puerto sus denuncias del FOSAP y quizá su sueño de ser rector o candidato de su partido (el PRI, del que ahora es enemigo) en las próximas elecciones de Colima se habría cristalizado, pero la falta de prudencia y entendimiento, que nos enseña la fabula de Esopo, lo dejó también, como ahora ya vemos, sin el reino de mañana y sin la comida de hoy.

No hay que olvidarlo: la universidad no es ni de huelguistas de hambre, ni de autoridades universitarias, ni del sindicato de trabajadores, ni de los políticos que aprueban sus recursos. La universidad es de los estudiantes. ¿Cuándo se pensará realmente en ellos?

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