Impartir justicia

No es aún lejana la época en que intelectuales como Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz, Gabriel Zaid, poco más tarde Enrique Krauze, etcétera, vieron con urgencia que nuestro país entrara en la llamada “transición democrática”. Se pensaba, ingenuamente, que esto acabaría con, quizá, el mayor mal que padecemos los mexicanos: la corrupción. No fue así. En 2000 accedimos al deseo postergado por tantos años pero nos dimos cuenta que nuestros males se acrecentaron y que la necesidad de democratizar nuestras instituciones seguía siendo un imperativo. Hace poco, a nivel local, se abrió una cloaca en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado, donde trabajé por casi tres años hace no muchos años. La hacedora del prounciamiento fue la magistrada López Llerenas, quien dijo que en el Tribunal había anomalías graves en cuanto a impartición de justicia y uso de los recursos públicos. Las declaraciones de la magistrada López Llerenas son respaldadas por su colega Rocío Valdovinos ante el silencio de otros miembros del Tribunal, como el propio Bernardo Salazar. Sea esto cierto o no, se trata de un problema que me parece crucial en tanto que se engarza con otro tema que ha superado ya al tema de la “transición democrática”. Este es: el respeto a nuestro estado de Derecho. No podrá ser posible redigir el rumbo del país si no se pasa del sueño de la transición democrática teniendo como base la consolidación de un verdadero estado de Derecho. La llamada “modernización” de nuestras instituciones debe tener como origien el respeto a nuestro sistema legal. El pronunciamiento de la magistrada López Llerenas, pues, tiene un transfondo que, lo queramos o no, debe ser urgentemente atendido porque de lo contrario estaremos dañando una de las prerrogativas esenciales de toda sociedad moderna: la correcta impartición de justicia, que hoy, de cara a las próximas elecciones, adquiere un valor –hay que decirlo así- inapreciable.

 

 

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