Joel Padilla y el Instituto José Martí

         Los costos políticos (y ahora sociales) que está generando el dirigente del Partido del Trabajo en Colima, Joel Padilla Peña, no parecen tener límites ni, tampoco, parece haber nadie que los detenga, que es lo peor. No sólo continúa poniendo en entredicho la viabilidad de los Cendis en la capital sino que ahora, aunado a esto, ha generado otro problema: el Instituto José Martí no obtuvo el Registro de Validez Oficial por parte de la SEP y ahora hay más de ciento ochenta estudiantes denunciando fraude. Tres focos rojos genera este conflicto: el primero, que las autoridades no deben permitir siquiera que ninguna institución educativa abra sus puertas hasta no tener la acreditación correspondiente; el segundo, que para remediar un asunto de esta naturaleza no deberá por ningún motivo atender su cariz político (pues no será con presiones políticas que el dirigente petista obtenga la acreditación que académicamente no merece); y el tercero: que tampoco debe, para acallar el clamor de los estudiantes, darles el título de médicos si fueron formados en una institución educativa que no cumplió con los requisitos que la acreditaban como tal.

 

Los daños a la salud pública que esto tendría (sobre todo tratándose de los estudiantes de medicina implicados) serían mucho más lamentables que el perjuicio causado a los afectados. Por lo tanto, lo que las autoridades deben hacer (tanto las de justicia como las educativas) es, por un lado, impedir que este instituto siga funcionando y, por otro, que a estos estudiantes se les repare el daño, incluido el moral.

 

Por último, se necesita sancionar duramente al responsable de este fraude, en este caso al dirigente petista Joel Padilla. Si la ley se calla por las presiones políticas, entonces sienta un precedente innecesario y abre la puerta a más fraudes como éste. Lo que no puede permitirse. Se trata de que ya no haya más Joeles Padillas en nuestro estado, no de que abunden.

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