Juan González García, evaluador del SNI

En días pasados fue publicada en este mismo rotativo una nota que informaba sobre el ingreso de un profesor de nuestra Casa de Estudios como evaluador del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) perteneciente al Conacyt. Se trata del doctor Juan González García, quien cuenta con un plausible nivel III dentro del mismo SNI.

Para quienes no conocen bien lo que es el Sistema Nacional de Investigadores este dato podría parecer irrelevante y la nota, una más entre las notas que uno se encuentra a diario en la prensa escrita o digital, pero para quienes tenemos un poco más de conocimiento de lo que significa ingresar al SNI, y de lo que se requiere para ello (una alta calidad en producción académica, principalmente), entonces nos sentimos realmente halagados de que un miembro de nuestra comunidad universitaria no sólo se encuentre en el nivel III del SNI sino que, además, haya sido elegido como evaluador de sus pares académicos por nuestro Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sirva este motivo para enfatizar algo importante: el prestigio de las universidades en el mundo va en realización directa a la calidad (y cantidad, siempre que sea de calidad) de conocimiento que generen, la mayoría de las veces avalado por revistas científicas de prestigio, editoriales de renombre en áreas específicas u otras publicaciones periódicas, que cuentan con un comité evaluador encargado de ratificar la relevancia de ese conocimiento que el postulante propone a través de su producto académico.

Por eso, aquellos que logran dentro de sus áreas de especialización ser avalados por organismos como el Sistema Nacional de Investigadores u otros de similar solidez (aunque de antemano sepamos que nada ni nadie es infalible), tienen que, por lo menos, saber que la labor académica que realiza es meritoria y lleva un rumbo claro. Los investigadores universitarios aún en formación bien podrían acercase a otros investigadores con mayor trayectoria (como el propio doctor Juan González García) para trazar las coordenadas de lo que deberá ser en el futuro una carrera académica de éxito, sustentada, como ya he dicho, con publicaciones de calidad académica, una actividad docente no menos rigurosa, una solidez en el rubro de la asesoría de tesis y, por supuesto, una disposición (como se hace en otras universidades del mundo) de apoyar a las nuevas generaciones de investigadores a que puedan insertarse paulatinamente en el ámbito académico global, porque solo desde esta perspectiva podrán estar a la altura de lo que demanda el mundo contemporáneo.

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