La democracia en ruinas

El proceso electoral en México ha concluido y, a menos que suceda un hecho extraordinario, la vuelta del PRI se hace inminente.

 

Después de 12 años de receso -aunque algunos creen, visto el desaforado destape de Fox, que en realidad nunca se fue-, el PRI se impuso con un candidato que, se dijo siempre, era muy pequeño en comparación con los enormes problemas que fustigan hoy a nuestro país.

 

Quizá por eso, y por las protestas que complicaron la campaña de Peña Nieto (la más importante: el  movimiento #YoSoy132), la certeza de un fraude electoral se ha recrudecido.

 

Cada día, y todos los días después de la jornada electoral, aparecen evidencias que, aun cuando se presentan contundentes, no han sido capaces de sacar al IFE de su indiferencia, una indiferencia que irritaría, por decir lo menos, a un muerto.

 

La sospecha de que el triunfo del candidato priísta Enrique Peña Nieto se debió a una serie de factores muy poco democráticos (entre ellos el conciliábulo de las televisoras, principalmente Televisa) ha terminado por sepultar la credibilidad de nuestras instituciones y, sobre todo, de nuestro estado de Derecho, convirtiéndolo en un guiñapo.

 

La impotencia social, generada por los niveles desorbitados de impunidad, pulveriza la idea de vivir o estar en el trance de vivir en una verdadera democracia,  como lo dijera Enrique Krauze en tono muy triunfalista (a saber por qué) en un reciente artículo.

 

Una sociedad en su mayoría desinformada y, por lo mismo, acrítica, guiada (casi) por la sola pantalla de un televisor, está muy lejos de contribuir de forma efectiva en la consolidación de una democracia.

 

De verdad alguien cree -y esto incluye a panistas y perredistas- que la democracia se construye repartiendo despensas, amañando encuestas, reclutando coros de intelectuales, comprando votos y televisoras, conculcando el culto a la personalidad, etcétera.

 

Si bien es cierto que a nadie se le puede negar el derecho a malvivir, yo sí creo que el regreso del PRI -en gran medida por la deplorable actuación del PAN a nivel federal y del PRD a nivel izquierda- marca un lamentable retroceso.

 

Lo malo es que este retroceso lo sentiremos todos salvo aquellos (Azcarragas, Slims, Krauzes, etc) que, por vivir en la cresta del “progreso”, no voltean hacia atrás ni por error.

Este artículo fue publicado en el periódico El Financiero.

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