La Federación de Estudiantes Colimenses o el nuevo despotismo ilustrado

Si Fernando Mancilla, presidente de la FEC y ahora presidente de otro organismo de esos que puede haber mil siempre que estén supeditados a las ambiciones políticas de uno solo, se ha reelegido por un periodo de seis meses más en su cargo como presidente de la FEC para, supuestamente, terminar con compromisos adquiridos, ¿qué clase de político esperaríamos ahora que sus intenciones son “ayudar a los estudiantes” de todo México a través de un cargo de elección popular?
Fidel Castro o Hugo Chávez también se han reelegido para seguir sirviendo a la sociedad que representan en proyectos tan grandes que exigen su permanencia en el poder en detrimento de la buena salud de la democracia. ¿Esto es lo que está sucediendo con el demócrata Mancilla?
En este sentido, Fernando Mancilla, otro incipiente político colimense, olvida que la estrategia del trampolín no hace sino ofender a aquellos jóvenes militantes de los diferentes partidos que han trabajado en serio para poder luego aspirar a puestos de elección popular, algunos de los cuales ya fueron mencionados en mi anterior Paracaídas. Tal vez por eso hay un grupo fuerte de opositores a esta reelección, a los que el líder estudiantil parece no querer escuchar ¿no está pues para defender el clamor de los estudiantes? Es una oposición digna que, se diga lo que se dijere, tiene razón en sentirse ofendida. Hay que decirlo sin regodeo: el mensaje que envió el líder estudiantil al reelegirse no hizo sino demostrar que su ambición no sólo atiende a un interés personal sino que, sobre todo, padece de una hambruna terrible.
Si el joven Mancilla quiere ser político, que no mezcle el agua con el aceite y no confunda ni haga confundir la esencia y los fines de lo que es una Federación de Estudiantes, que ya bastante confundidos estamos con todo lo que pasa en nuestro país. Y esto va para todos aquellos que aprovechan la “nobleza” de mi alma máter para soñar con franquicias políticas. Luego nos quejamos de que haya violencia, corrupción, sicarios, lavadores de dinero, etcétera. ¿Y cómo no habrá si la educación es un renglón en la agenda que no tiene renglón? Yo le aconsejaría, por tanto, al joven Fernando Mancilla que no ensombrezca los pocos aciertos que ha tenido como líder estudiantil con los grandes desaciertos que empieza a mostrar como aspirante a político, porque no hay que olvidar que no es la misma preparación la que se necesita para cantar una ranchera que para dar un Do de pecho.

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4 comentarios en “La Federación de Estudiantes Colimenses o el nuevo despotismo ilustrado”

rogelio camarillo 17 mayo ,2011 a las 9:14 am

excelente articulo tocayo, te felicito.

y que nos dice amigo de las nuevas reformas electorales que permiten la reeleccion recientemente aprobadas? me queda claro que se toma encuenta a la poblacion mismo acto que el joven mancilla realizó, NOS TOMO ENCUENTA Y TODOS LOS LIDERES DE SECUDARIAS,PREPAS Y FACULTADES FIRMAMOS DOCUMENTOS DONDE PLASMAMOS ESTAR DE ACUERDO en que continue lo ah demostrado y lo es el mejor presidente de la FEC si, el que afilio a escuelas privadas, el que construyo un edificio en manzanillo para darnos mayor fortaleza y el que representa a todos los estudiantes mexicanos hay que reconer que transparento los recursos amigo y si no consulta la pagina y podras ver hasta los estatutos. espero con esta información fortalezcas tu paracaidas,,saludos cordiales

Horale

Apreciado Rogelio:

He recibido con beneplácito su artículo. En Venezuela entendemos muy bien el sarampión caudillista que ha contagiado a buenos y no tan buenos políticos en el Continente. Definitivamente la reelección no es una buena medicina para nuestras democracias anémicas. Al señor Mancilla le ha sobrado en ambición lo que parece haberle faltado en eficiencia. ¿Acaso no fue la suya la misma excusa del Führer? Mucho me temo que la postmodernidad hace aguas, y se quiebra precisamente en esta suerte de nostalgia por el «líder», que para que nadie se asuste es la traducción exacta de «Führer» en alemán, con lo cual no sería exagerado pensar que en su proceder no pocos políticos están reviviendo el tan nefasto Führerprinzip.

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