La hermosa risa de Cassez

Después de siete años en la cárcel acusada por el delito de secuestro, la Suprema Corte de Justicia de México dio su veredicto final: Cassez fue liberada por, entre otros razonamientos, haber tenido un “juicio indebido”.

Cinco minutos después de la decisión de la Corte, Ezequiel Elizalde, una de las víctimas que estuvo en cautiverio 65 días y que, en una carta, asegura que Cassez le dio a escoger entre cortarle una oreja o un dedo, declaró: “somos una porquería como país”.

Los que hemos estudiado Derecho sabemos que lo legal no necesariamente es lo justo, y que es muy difícil ser legales tanto o más que ser justos, sobre todo en un país como México, en donde las leyes son de gelatina para los poderosos y de riel ferroviario para todo el resto.

Aun cuando las decisiones judiciales siempre son controvertidas (yo trabajé cinco años en el Tribunal de Justicia de Colima y lo sé de primera mano), la justicia mexicana vuelve a quedar muy mal parada en virtud de la sombra de trapacerías que la han perseguido desde siempre.

Y, para muestra, basten los casos más emblemáticos: el asesinato de Colosio, la fuga del Chapo Guzmán, el homicidio de la pequeña Paulette o el reciente enjuiciamiento a los perros asesinos (que tantas mofas crearon en las redes sociales).

Además, no son menores los pendientes que tiene la justicia mexicana con algunos de los personajes políticos más importantes de la escena nacional: Salinas de Gortari (que volvió de su exilio y entró en el país sin que nadie le pidiera ni la licencia de manejo), Elba Esther Gordillo (cuyas evidentes corruptelas en el SNTE han puesto en la lona la educación mexicana) o el propio Felipe Calderón, quien, muy orondo, se va a enseñar a una escuela norteamericana como si los más de ochenta mil muertos que dejara atrás, más los incontables daños a las nervaduras más profundas del tejido social mexicano (casi insanables), fueran sólo una endeble tolvanera.

De no existir estos ejemplos, y muchos más que desbordarían cualquier espacio periodístico, la resolución del caso Cassez habría tomado un cariz totalmente diferente, y tal vez hasta lo habríamos aplaudido.

Pero, desafortunadamente, la decisión de la Suprema Corte de Justicia vuelve a dejarnos la certeza de que, evocando a Ezequiel Elizalde, una de las víctimas de la banda de secuestradores Los Zodiaco, algo podrido hay en nuestra justicia mexicana, que no sólo nos afecta como ciudadanos sino que, lo que es aún peor, confirman que México, en éste y otros rubros, es un país de broma.

Esta misma sensación de injusticia es la que nos dejaron las pasadas elecciones presidenciales, en las que resultara ganador Enrique Peña Nieto, con todo y el respeto que muchos intelectuales le profirieron al Instituto Federal Electoral, cuya existencia hoy en día no se sostiene con nada.

Ahora ha vuelto a caer el telón y Cassez ya está de vuelta en París. Una fotografía la muestra en su arribo al aeropuerto, con una mano levantada y una hermosa sonrisa en el rostro.

No sabemos si se ríe de felicidad o de la justicia mexicana.


            
		
		

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