La huelga del Sutuc

Hace unos días volvió a resurgir el conflicto que el Sindicato Único de Trabajadores de nuestra alma máter (SUTUC) ha sostenido (con altibajos) desde el rectorado pasado. Esta vez, sin embargo, no con la fuerza con que surgió aquella primera vez. ¿La razón? Resurgió dividido. Según lo publicado en varios medios de comunicación y en las redes sociales (principalmente feisbuc y tuiter) la base trabajadora universitaria está en desacuerdo con la decisión que tomaron las cúpulas sindicales. Esto, más la disposición de diálogo que ha mostrado el nuevo rector, maestro Eduardo Hernández Nava, le ha restado (y esa es la sensación que se percibe en el ambiente) credibilidad a una demanda que, hay que decirlo, no deja de ser legítima y que merece pronta atención. Los que hemos seguido con detenimiento lo que pasa en nuestra alma máter, así estemos a miles de kilómetros de distancia, sabemos que un gran componente de este conflicto es político y, por tanto, que puede arreglarse mediante el diálogo, sobre todo cuando la disposición existe no sólo de parte del rector, tal como vi en el comunicado emitido por rectoría, sino también del gobernador, quien ha intervenido también en este conflicto que, a este día, ya debería estar resuelto. Los dimes y diretes, los mensajes enviados sin firmar, los reproches morales que han venido surgiendo no llevan a nada y sólo nos dicen una cosa: que hay que enfatizar el respeto a la legislación universitaria. La ley suple los chismes. Por eso el diálogo es importante para poner en cauce las reglas del juego de toda institución que se jacte de serlo, sobre todo si es educativa. Eso sí: a un diálogo no se puede ir con la pistola en la mano. Ojalá que las partes, pues, encuentren una vía idónea con el fin de evitar poner en riesgo la estabilidad de miles de estudiantes, que son la verdadera razón de ser de nuestra universidad.

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