La monarquía moribunda

 

El Rey Juan Carlos, de España, de forma clandestina, hace poco más de una semana, pensó que era bueno ir a cazar elefantes en un elitista safari en Botosuna. Un safari que costó, según fuentes fidedignas, 40,000 euros. Esto es: casi 700,000 pesos. Una caída que le ocasionó una ruptura de cadera (aunque dice incluso que en realidad iba a verse con su amante) fue lo que lo hizo volver en un vuelo privado y secreto a España.

 

Como no hay crimen perfecto, la noticia se dio a conocer y salió a las calles de España, ocasionando la indignación del pueblo español, no con poca razón, pues meses antes el propio Rey, ante la crisis económica mundial, les había pedido a todos que se apretaran el cinturón y resistieran.O algo así.

Al ver el rechazo generalizado, los asesores del rey, Rafael Spottorno, Jefe de la Casa del Rey, Javier Ayuso, jefe de Comunicación, y Javier Arenas, su ayudante, le aconsejaron que hiciera un pronunciamento porque jamás en sus 36 años de reinado su imagen había “sufrido un deterioro tan rápido y tan profundo”.

 

El día que lo dieron de alta, se cuenta que el Rey Juan Carlos se vistió, salió a la calle y se enfrentó a la camára de la TVE que lo esperaba afuera. Su mensaje sólo duró cuatro segundos (tal vez los más largos para el monarca) y las palabras que pronunció fueron las siguientes:

 

Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir.”

 

Dicen que, desde el ámbito político español, las críticas más fuertes las dirigieron los barones socialistas, desde la izquierda, algunos nacionalistas y sobre todo ERC, pero que aun con el mensaje del Rey (que, según la historia, los reyes no piden perdón) las funciones de la monarquía han empezado a replanetearse.

 

Cuando yo leí la noticia, mi primera impresión fue la siguiente: cómo es posible que en un mundo donde mueren casi 25 mil personas diariamente de hambre, haya un hombre (como el rey Juan Carlos) que esté dispuesto a gastarse 700 mil pesos en un viaje a Botosuna para matar elefantes. Ni siquiera para sembrar arbolitos, o para llevar bastimento a los que padecen hambruna, y vaya que por esas regiones se habría encontrado a muchos.

 

No: fue a matar. Elefantes.

 

Los promonarquía podrán salir en defensa de lo que sea, pero las palabras del Rey no dejan lugar a dudas. En ellas está la respuesta, también, a otra pregunta obligada: ¿sigue siendo necesaria una monarquía que ahora nos deja bajo el sospechosismo sobre cuántos otros vuelos privados y secretos realiza el Rey sin que nadie se dé cuenta?

 

Lo digo porque en México no tenemos Rey, pero tenemos (lo aceptemos o no) presidencialismo. Y no estamos mejor. Los intelectuales anteriores a mi generación (Paz, Fuentes, Krauze) hablaron de la transición a la democracia como la vía que nos resolvería los problemas sociales y económicos, lo que ya nos sucedió y no resolvió nada.

 

Ahora necesitamos un marco jurídico que se respete y que nos permita saber qué hacen nuestros dinosaurios en ese Parque Jurásico donde campean todos los veranos.

 

Articulo publicado en el periodico El Financiero.

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