La mujer universitaria

Como cada año, la celebración del Día Internacional de la Mujer ha puesto sobre la mesa la discusión del rol que desempeña la mujer en la sociedad y si ésta, por lo menos en nuestro país, ha ganado espacios importantes de influencia en los diferentes ámbitos del quehacer político, cultural, económico, académico, gubernamental, etcétera.

Antes, durante, e incluso después de esta celebración internacional se fueron tocando diferentes aspectos, desde distintos enfoques sobre las problemáticas que enfrentan las mujeres en la actualidad, incluyendo a aquello que más las afecta: la violencia de género y los crímenes que en diferentes estados del país se han venido dando de forma sistemática contra ellas. Como el espectro es muy amplio, yo he decidido detenerme en esta pequeña geografía que abarca lo que es nuestra comunidad universitaria. Si bien deben existir luchas todavía incompletas al interior de nuestra universidad (esto es: mujeres que consideren que las diferencias entre el papel del hombre y el de ellas es todavía notorio), yo lo que veo cuando reviso el organigrama universitario (¡y lo digo con gusto!) es que la mujer representa liderazgos importantes y, por tanto, roles de trascendencia para la vida institucional que, por más que se intenten minimizar, se imponen ya invulnerables.

Pido perdón anticipadamente si alguno de los datos que presento no está actualizado, pero por lo menos lo que arroja el panorama actual de las mujeres que ocupan un lugar preponderante en la administración institucional (sin contar con todas las directoras de bachillerato y facultades, más los mandos medios) es el siguiente: Alicia López de Hernández, directora general del Centro de Desarrollo de la Familia Universitaria; Edna Irela Velázquez, delegada de Manzanillo; Priscila Juliana Álvarez, delegada de Colima; Lourdes Cárdenas, contralora; Martha Alicia Magaña Echeverría, coordinadora de Planeación y Desarrollo Institucional; Genoveva Amador Fierros, directora general de Relaciones Internacionales y Cooperación Académica; Sara Griselda Martínez, directora general de Educación Superior; Susana Aurelia Preciado, directora general de Desarrollo del Personal Académico; Lorena Hernández Ruiz, directora general de Servicio Social y Práctica Profesional; Gilda Callejas, directora general de Difusión Cultural; Vianey Amezcua, coordinadora general de Comunicación Social; Guillermina Araiza, directora general de Publicaciones; Lourdes Galeana, coordinadora general de Tecnologías de Información; Sandra Mata, directora general de Recursos Educativos; Luz María Urzúa, directora general de Recursos Materiales; Ana Lilia Moreno, directora general de Servicios Universitarios; María Lourdes González, directora general de Contaduría; Karla Covarrubias, directora general del Centro Universitario de Investigaciones Sociales; y Guadalupe Corona, directora general de Proyectos Específicos.

Insisto, este es un panorama incompleto (pues faltan muchos ámbitos del quehacer universitario cubierto por mujeres que no fueron aquí consignados), pero creo que lo aludido (que sirve como un homenaje a ellas y a sus pares ausentes) pinta muy bien la participación concreta de la mujer en nuestra vida institucional. Muchas de estas responsabilidades (compruébenlo ustedes mismos) son cruciales para el buen funcionamiento de nuestra Casa de Estudios, de ahí que su tarea sea relevante y su misión no menos trascendente.

No cabe duda que las mujeres han conquistado espacios que antes eran impensables para ellas. Lo mejor es que no han sido concesiones gratuitas, sino nada más y nada menos que un simple reconocimiento a un derecho que siempre han tenido y que cada día hacen mejor valer.

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