La paz universitaria

Los grandes filósofos de la teoría política (Maquiavelo, Hobbes, Spinoza, Locke, etcétera) coincidían en que la función principal de todo Gobierno es mantener la paz y la justicia social. Ningún interés personal o de grupo podría estar por encima del bienestar de la mayoría, pues desde que aceptamos vivir en sociedad nosotros delegamos a tal gobernanza parte de nuestros derechos (salvo el de naturaleza) en favor de lo que beneficie a la mayoría, de otra forma viviríamos en completa barbarie. Refiero lo anterior, porque hace unos días se criticó la presencia de supuestos guardias vestidos de civiles al interior de nuestra alma máter. La denuncia vino, como siempre, del mismo grupo de universitarios que no consiguieron llegar a la rectoría ni apoderarse del Sutuc, quienes -aliados a Morena- ahora se han convertido en los empecinados promotores de todo aquello que pueda desestabilizar a nuestra casa de estudios. Desafortunadamente, el no reconocer los límites de la crítica (que es bienvenida siempre que sea propositiva y no revanchista) ha terminado de quitarle toda credibilidad a este grupo de universitarios que esperamos entiendan pronto que nuestra alma máter no son nada más ellos y sus intereses políticos. Con respecto a los supuestos guardias vestidos de civiles yo coincido con el posicionamiento de nuestro presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Roberto Chapula de la Mora, quien vio con buenos ojos que la universidad busque la mayor seguridad posible entre la población estudiantil, siempre y cuando no se cometan violaciones contra su persona, pues entonces habría que denunciarlo. Tomando en cuenta la situación que vive actualmente el país (sobre todo con el caso de los normalistas de Ayotzinapa), no veo yo más que beneficios en que se busque la mayor paz posible al interior de nuestra casa de estudios (con guardias uniformados o no, pero siempre acreditados por las autoridades universitarias). Se ha querido ver en esto una amenaza para los estudiantes, pero por qué mejor no verlo a la inversa: una protección no sólo para ellos, sino también para el personal académico, administrativo y de servicios. ¿No estamos llorando antes de que se nos pegue? El recinto universitario ha sido y debe de seguir siendo sagrado y la nueva administración rectoral hace bien en prevenir cualquier brote de violencia que ponga en riesgo la paz universitaria, sobre todo porque hay todavía un grupo de universitarios que siguen empeñados en desestabilizarla.

 

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