La polémica Sicilia-Escalante et al

Habría varias cosas por decir sobre la intertextualidad, sobre la posmodernidad, sobre la nueva modernidad, sobre la poesía mexicana de cara a la sola tradición mexicana, sobre la poesía mexicana de cara a la tradición poética universal ¿sale bien librada?, sobre el sentido teleológico de la crítica, sobre el diálogo entre lo nuevo y lo viejo (poetas de hoy, poetas de ayer), sobre la función de los medios de comunicación, incluso sobre la amistad. Estos y otros temas han sido (unas veces tan solo tangencialmente) puestos sobre la palestra en el caso Sicilia-Escalante et al. Lo cual está muy bien. Pero aquí el centro del asunto me parece que es la poesía de Sicilia. ¿Alguien ha desmembrado o columbrado hasta ahora sus cualidades estéticas y estilísticas y expresivas en un ensayo pormenorizado? He encontrado comentarios o pequeñas glosas a su obra, lo cual está muy bien, pero nada más allá de la nota impresionista, que dilapida o catapulta. Valdría la pena que los defensores y los detractores de Sicilia lo hicieran. Yo no lo hago porque Sicilia me parece realmente un poeta muy menor, que me parece que aporta muy poco ya no a la tradición poética universal, sino a la pura mexicana. No se compara ni con Pesado ni con Carpio ni con Pagaza (mucho menos con el gran Pagaza, tan ninguneado todavía por la crítica), ni con Ponce, etcétera. Pero si los otros tienen razones suficientes para defender o vituperar, entonces no habría que irlas dejando por ahí en blogs o reuniones de cantina, sino en ensayos bien trajeados y aliñados para el baile. Algunos de los escritores y poetas que han defendido o denostado a Sicilia (Yépez, Bojórquez, Aguinaga, Calderón) son muy superiores al poeta defendido o denostado, ¿vale la pena perder siquera la “amistad” por un hecho de suyo anodino? La respuesta es obvia, para el que sabe que las “obviedades” nunca nos ofrecen respuestas erráticas.

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