La UdeC, la inseguridad y la política

El lunes pasado fue asesinado en Tecomán el contador público Juan Manuel Cobián Venegas, quien se desempeñaba como secretario administrativo del Bachillerato #5 y quien, al parecer, tenía ya veinte años trabajando para nuestra casa de estudios. Como la noticia indignó sensiblemente a la comunidad universitaria, no se dejaron esperar las muestras de apoyo a los familiares de la víctima ni mucho menos la ratificación de que se trataba de una persona honesta, injustamente llevada a ese destino fatal.

Es imposible que conozcamos la vida privada de todas las personas con las que laboramos o convivimos consuetudinariamente, incluidos amigos y familiares, pero ha llegado a tal grado la violencia y se ha convertido la criminalización de las víctimas en un sistema por parte de las autoridades que ya en el imaginario colectivo permea la convicción de que todo aquel que es asesinado de una forma violenta es por una razón justificada, cuando en ocasiones, en realidad, no la hay.

De hecho, ninguna muerte dolosa es justificada. Hago estas reflexiones por una sola razón: porque desearía que este halo de sospechosismo no sea el que nos impida, como ciudadanos individuales y como comunidad universitaria, exigir justicia a las autoridades correspondientes, pedir que los delitos no permanezcan impunes (pues esto alienta su proliferación) y, además, intervenir con estrategias concretas en la construcción real de un plan estratégico contra la inseguridad, que hasta el momento parece que no existe o es fallido.

Nuestra alma máter es un gran activo para la construcción de una sociedad mejor, y de hecho, guiada por su misión de responsabilidad social, ha conseguido entreverarse en ciertos sectores de la población realmente vulnerables, así que exigir incluso una participación más notoria para la construcción de nuestra paz y armonía social no es algo que las autoridades estatales y municipales deban desdeñar, y más ahora que la vida política local (y nuestro sistema de partidos) se han empezado a abrir a una especie de ciudadanización que podría ser benéfica en términos no sólo puramente políticos sino, sobre todo, sociales, espacio que, por supuesto, le abriría la puerta también a aquellos académicos que quieran participar propositivamente en la vida pública.

Si bien la universidad ha incrementado sus protocolos de seguridad al interior de la casa de estudios, bien ha hecho el rector Hernández Nava en pedir, a raíz de la muerte del contador Cobián Venegas, que se haga justicia y se castigue a los responsable de este lamentable suceso, todo ello sin criminalizar por ningún motivo a la víctima, que, finalmente y como están las cosas, pudo haber sido cualquiera de nosotros.

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