La Universidad de Colima: mirar hacia afuera

La encargada de la internacionalización de nuestra alma máter es la maestra Genoveva Amador Fierros, con sólida experiencia en el área, desde hace ya un significativo número de años. Dirige, actualmente, la Dirección General de Relaciones Internacionales y Cooperación Académica, y siempre ha tenido una idea muy clara de la importancia que tiene la movilidad académica, tanto a nivel nacional como, mejor aún, internacional. Hablo de esto más allá de las fronteras de la propia casa de estudios porque lo considero un tema que no sólo compete a la casa de estudios sino, también, al Gobierno del Estado, quien, de alguna u otra manera, debería extender uno de sus brazos hacia este ámbito. Porque es un ámbito crucial para la visión de futuro de Colima.

 

Nuestro estado se ve mejor cuando se mira desde afuera. Esa distancia, lo sabemos, da perspectiva. Entre más conocemos otra cultura más entendemos la nuestra. Que estudiantes y profesores tengan la oportunidad de pasar una estancia académica en el extranjero es algo que, directa o indirectamente, traerá beneficios invaluables para nuestra pequeña patria.

 

Refiero lo anterior porque  hace poco estuvo el rector Eduardo Hernández y la maestra Genoveva Amador en Corea del Sur. Volvieron con resultados, que luego expusieron en una conferencia de prensa, propia para el caso. Es, parece ser, la primera gira con este fin de la nueva administración rectoral. No debe ser la última. Estudiantes y profesores tienen que salir, ver, compartir lo visto, enriquecerlo y ponerlo en práctica. Hay, sí, dos puntos que yo sugeriría.

 

Número uno: que el Gobierno del estado participe más en el proyecto de internacionalización de nuestra casa de estudios. No sólo con recursos económicos, sino también con humanos, pues será el depositario principal (el canal idóneo) para que estos beneficios impacten socialmente.

 

Número dos: que nuestra casa de estudios se proponga tener la mejor escuela de lenguas del país, primero, y de Latinoamérica, después. En la Universidad de Otago, acá en Nueva Zelanda, se está trabajando para hacer que cada estudiante estudie obligatoriamente una lengua, no importa el área de estudios a la que pertenezca, pues se ha corroborado su trascendencia. La Universidad de Colima debería también enfocar sus esfuerzos en algo similar. El estudio de los idiomas a mayor escala romperá las barreras que esta deficiencia acarrea, y que es –los que intentan hablar en otro idioma lo saben- muy gravosa. Sin este complemento, el probado esfuerzo que se está realizando desde la Dirección General de Relaciones Internacionales y Cooperación Académica quedará, para decirlo gráficamente, manco. Miremos más hacia fuera, pues, para que todo eso que llevamos dentro empiece, de una buena vez, a cobrar sentido.

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