Las bodas gay

Ser homosexual, bisexual, heterosexual o transexual no es un asunto que esté bajo la aprobación ciudadana, ni siquiera bajo la determinación del propio individuo que  vive o, en el caso de países como el nuestro, que padece tal orientación sexual. En una sociedad machista y discriminatoria como la nuestra: ¿de veras querrá alguien ser homosexual, bisexual o transexual?  Dios lo libre.  Es, como ya lo sabemos, una condición de la naturaleza humana y el derecho que le asiste a este sector social se encuentra, como lo afirmó Cicerón en su Tratado de las leyes, precisamente ahí: en la naturaleza. Por tanto, el Congreso del Estado de Colima debe ya tener en su agenda un tema que es ineludible para el mejor funcionamiento de la convivencia humana y que es crucial para la dignificación de los derechos humanos, aun cuando sepamos que la Iglesia Católica es una enemiga acérrima cuando se trata de hablar de aborto, bodas gay, etcétera. Pero no así cuando se habla, curiosamente, de pedofilia. Ahora bien, la polémica que ha desatado la edil perredista de Cuauhtémoc, Indira Vizcaíno, al realizar la primera boda gay en aquel municipio contraviniendo las leyes locales amparada en las leyes federales y en los derechos humanos, es, desde mi punto de vista, un ejercicio temerario del poder, sobre todo por la actitud tomada después de generado el escándalo,  pues dio la impresión de que la decisión de haber realizado una boda gay no lo fue para beneficiar a dos personas que querían formalizar su unión legalmente sino para, por el contrario, ganar presencia puramente mediática, no importando pasar por encima de la legislación local. He dicho actitud temeraria porque esta falta de respeto a las leyes locales sienta un precedente para que cualquier servidor público con inferior o superior investidura pueda pasar por encima de la ley local amparado, simplemente, en nuestra carta magna, y así, por ejemplo, el propio gobernador del Estado pueda entonces también hacer un uso temerario de sus facultades de ejecutivo estatal para afectar a un edil municipal, aprovechando maliciosamente las lagunas que tiene nuestra legislación local. ¿Ese es el mensaje que quiere enviar no sólo la joven edil Indira Vizcaíno sino, lo que es aún peor, el partido que la respalda?

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