Las cuotas de género

Los saldos que traerá para el PRI Estatal el problema derivado de las cuotas de género serán más onerosos de lo que se piensa.

Las cuotas de género, en principio, es algo que –aunque no estuviera señalado por la ley- debería tener un carácter imperativo. Nadie discute que la participación de la mujer en la vida política de nuestra sociedad actual es imprescindible, pero lo que sucedió en Colima con respecto a las candidaturas que le costaron el camino al Senado a Nabor Ochoa e Ignacio Peralta, quienes fueron sustituidos debido a este motivo por Mely Romero e Itzel Ríos, es una alerta que los partidos políticos podrían sortear si establecieran políticas internas en su formación de cuadros para los puestos públicos de elección popular.

Por ejemplo, las cuotas de género pierden su razón de ser si con antelación el instituto político que las cobija no crea las condiciones para que realmente tengan posibilidades no sólo de ungirse como candidatas a un puesto de elección popular sino, sobre todo, para que tengan la posibilidad de ganarlo. Aunque Mely Romero e Itzel Ríos han tenido una presencia constante en la vida pública del estado, no era comparable con la conseguida por Nabor Ochoa o Nacho Peralta, lo que ocasionó que su ingreso fuera visto como una “mala decisión” (hay que decirlo entrecomillas) por parte del PRI. No fue mala decisión ungirlas candidatas, en realidad, lo fue no haber creado las condiciones para que no sólo ellas sino todas las posibles candidatas a puestos de elección popular pudieran dar la batalla.

Esto es lo que tendría que prever el PRI, el PAN, el PRD y el resto de los partidos satélites, pues de otro modo se seguirá viendo a la mujer como el sexo (o la candidatura) débil dentro de nuestras estructuras política. Cuando, hay que insistir, no es así.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios