Las drogas, círculo vicioso

Hace unos días el secretario de la juventud, Roberto Ramírez, realizó declaraciones que no ocuparon en los medios las ocho columnas que ameritaban. Habló de los suicidios de los jóvenes por depresión y de las pocas estadísticas que hay sobre sus causas en Colima. No sé hasta dónde el propio Roberto Ramírez esté consciente del problema de salud pública que esto significa, pero me ha causado extrañeza que este rubro no esté siendo atendido por las instituciones correspondientes, cuando ello mismo puede ser (o es) un signo también ligado a una realidad que nos avasalla actualmente: las drogas. La carencia de ciertas drogas, sobre todo los derivados de las metanfetaminas (como el cristal), produce depresión, ansiedad, paranoia, psicosis, entre otros muchos daños colaterales. De este horror me di cuenta en la investigación previa a la escritura de mi novela 41. En el tema del combate a las drogas se han olvidado, o quizá obviado, algunos otros temas no menos importantes: el de las adicciones. El cuerpo lacerado o mutilado que encontramos en las calles a consecuencia del combate al narcotráfico es directamente proporcional a las mentes laceradas o mutiladas de aquéllos que son dependientes a estos narcóticos. El infierno que hay afuera, y que todos vemos, no es menor al que hay dentro, y que padecen -muchas veces en silencio- los que viven con esta adicción. Y yo me pregunto (y pregunto): qué haremos con todos los que trafican con drogas: ¿matarlos? ¿encarcelarlos? ¿ofrecerles un oficio lícito? Y luego: qué haremos con todos los que las consumen: ¿dejar que se suiciden? ¿ponerles una camisa de fuerza en un centro de rehabilitación? ¿segregarlos? Es obvio que el incremento de otros delitos (menores o no) asolarán a la sociedad. El efecto es visible: cuando el tráfico de drogas no es ya un negocio, ¿qué otra opción se tiene a la mano sino otras formas de delinquir? Y, por otro lado: cuando la dosis de droga ya no llega con la constancia de siempre, ¿qué otra opción les queda a los consumidores sino la depresión o el delirio? Como colofón, esta certeza: un adicto a las drogas sin droga puede ser tanto o más peligroso que un sicario con dos cuernos de chivo.

Ecos de la Costa

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