Los intoxicados

Como resultado de haber ingerido alimentos en mal estado preparados por una empresa subarrendada por la empresa Banquetes San Nicolás, lo que no exime ni a ésta ni a la primera de responsabilidades, ya ha ascendido a ciento cincuenta y siete el número de intoxicados.

Esto sucedió, por si fuera poco, en el evento de graduación del bachillerato 2 de la Universidad de Colima. La Comisión Estatal para la Protección de Riesgos Sanitarios (Coespris) anunció días después la clausura temporal de estas dos empresas, sometidas ahora a escrutinio. Aquellos que clasificaron este incidente como un “error humano”, y entre ellos podemos contar una editorial de El mundo desde Colima, no saben que si bien no hubo “dolo, alevosía y ventaja” en este lamentable suceso, hay delitos (y pecados) que se cometen por omisión.

Para mí sí es un asunto que debe alarmar a las autoridades sanitarias y las debe llevar a establecer medidas mucho más estrictas a este respecto, no nada más en temporada de calor, porque ¿qué habría pasado si en lugar de haber tenido ciento cincuenta y siete intoxicados hubiéramos tenido el mismo número de muertos? ¿Entonces sí habría motivos para tomar el asunto con seriedad? Ello sólo evidencia la necesidad de incrementar nuestra cultura de la prevención.

En Dunedin, esta ciudad neozelandesa en la que vivo, hay medidas estrictas incluso para llevar a cabo eventos y festivales (medidas que yo mismo ya les he hecho llegar a las autoridades de salud del gobierno del Estado), eventos y festivales cuya comida tiene que ser autorizada por las autoridades sanitarias no sólo antes sino incluso el mismo día del evento. Además, a todos los restaurantes de la ciudad se les asigna una letra (A, B o C) que indica el grado de higiene del establecimiento, para que el consumidor decida si come ahí o no.

Esta letra tiene que estar visible en la puerta de ingreso al restaurante y éste, de no contar con las medidas de higiene, puede ser clausurado en cualquier momento. No podemos abandonarnos, pues, al argumento de que esto es “parte de la condición humana”, como lo sentenció la editorial de El mundo desde Colima, ni mucho menos podemos, siguiendo la pésima editorial de este rotativo, consolarnos con que el incidente no pasó a mayores.

Alentar el clásico “ai se va” mexicano sería no quedar donde mismo sino, a estas alturas, seguir yendo hacia atrás.

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