Los poemas de la poesía

Con Carlos López

El otro día mi hijo escribió un poema sobre el día que comienza, con Sol y cielo despejados. Lo escribió en una hoja blanca, con crayones de colores. Luego, mientras lavaba el automóvil, vino a enseñármelo. Recuerdo que lo leí, le dije que era un poema bello aunque un poco triste y después lo puse sobre el asiento del conductor. Ya por la tarde, fuimos a ver algunas bicicletas cerca de la estación del ferrocarril. Nos estacionamos a un lado del puente y, al abrir la puerta, un viento raudo que atravesó el automóvil de orilla a orilla se llevó el poema entre su millón de patas. ¡Papá -gritó Bruno-, mi poema! ¡Se lo lleva el viento! Le dije que no se atreviera a seguirlo porque corría el riesgo de que lo atropellara un carro. Bruno hizo caso a regañadientes, notoriamente afectado. Sentí un poco de pena, debo decirlo, pero la decisión –no lo dudaba- había sido la mejor. Entonces cruzamos la calle y entramos a ver las bicicletas. Estuvimos diez, quince minutos olisqueando y, después de comparar algunos precios, volvimos los pasos. Atravesamos de nuevo la calle, nos acercamos al auto y, de súbito otra vez, el grito de Bruno. ¡Papá, mi poema! ¡Aquí aquí! ¡Mira, volvió! Fijé un poco la vista, me acerqué dos palmos y sí, en efecto, el poema estaba pegado al parabrisas, presionado por un viento contrariado. Lo agarramos y entramos con él al auto, celebrando el reencuentro. Al arrancar, no tuve más remedio que pensar que los poemas, como las mujeres, cuando vuelven es porque realmente nunca dejaron de pertenecernos.

Ecos de la Costa

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1 comentario en “Los poemas de la poesía”

Excelente poema. Muy elegante.

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