Los presidenciables y su diccionario de frases hechas

Desde que iniciaron las campañas para la presidencia del país he estado observando detenidamente el lenguaje de los candidatos, principalmente el usado en las redes sociales. El lenguaje, lo queramos o no, refleja invariablemente nuestro pensamiento, en forma y sentido. Las palabras que utilizamos para definir también nos definen. Es el conocimiento de lo otro y, al mismo tiempo, de nosotros. Vasos comunicantes, nombrar las cosas “del afuera” es nombrar las “del interior”. Y viceversa.

 

O para decirlo usando una conseja popular: “lo que tiene la olla saca la cuchara”.

 

Los presidenciables mexicanos no escapan a tal escrutinio. Salvo López Obrador, de quien se advierte mayor agudeza en la forma en que ve la relidad mexicana y sus necesidades, Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Gabriel Quadri no hacen sino empobrecer el discurso político y, con ello, las propuestas con las que intentan paliar un México que está literalmente desangrándose y para el que no caben como medidas curativas ni curitas ni pomadas.

 

El mal de México no está a nivel de la epidermis sino a escala celular. Es un cáncer que se ha expandido de punta a punta y cuya principal metástasis es la corrupción, de la cual derivan la violencia, la desigualdad, la pobreza, la violación constante a nuestro estado de Derecho y, por supuesto, el hecho de tener un sistema educativo deplorable.

 

Basta ir a cualquiera de nuestros pueblos mexicanos, aquellos más alejados de cualquier metrópoli, para ver con tristeza la manera en la que están muriendo de hambre millones de mexicanos, muchos de ellos esperanzados a que un capo del narcotráfico los contrate como sicarios o, al menos, como “guardias de su jardín”.

 

Pues este México que se desangra no se está reflejando en el discurso de los presidenciables, un discurso más bien anodino y que parece aludir a otro país distinto al nuestro. El que siga a Enrique Peña Nieto (PRI), Josefina Vázquez Mota (PAN) o al propio Gabriel Quadri (Nueva Alianza) y vea sus tuits, no tendrá más remedio que decepcionarse.

 

Para dar un ejemplo, en Josefina Vázquez Mota encontramos lugares comunes como estos: “Quiero un México diferente, donde la opinión de los ciudadanos sea verdaderamente tomada en cuenta”. O: “El México diferente requiere de tu participación. Únete a nuestra campaña y construyamos juntos el México que todos queremos”. O: “Vamos a gobernar con ciudadanos y no con caciques”.

 

En el caso de Peña Nieto las obviedades alcanzan niveles desquiciantes. Ha tuiteado: “Veracruz, alergría de todo México.” O: “Por nuestros hijos y con el compromiso de todos, México será el país que merece ser”. O uno que lastima más: “Mis amigos rarámuris, tepehuanos, guarijíos y pimas de la Tarahumara”. Cualquiera se preguntaría: ¿de verdad son sus amigos?

 

El discurso político se ha venido a empobrecer cada vez más con el tiempo. Prevalece ahora, por encima de todo, la imagen y no la propuesta, el sonido (con el que acompañan sus eslogans) y no el contenido, lo superficial y no lo juicioso.

 

Un país que requiere cambios profundos no puede afrontarse con propuestas endebles, irrisorias, superficiales. La única que puede cambiar el rumbo de México es, ya lo sabemos, la sociedad, pero siempre que la labor de las instituciones encargadas de velar por la transparencia electoral no nos dejen, siquiera, el beneficio de la duda.

Este artículo fue publicado en el periódico El Financiero.

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