Los trenes nunca vuelven

El debate sobre la construcción del túnel ferroviario es tan añeja 
(yo recuerdo declaraciones del extinto ex gobernador Silverio Cavazos 
al respecto) que ya ahora es muy difícil saber a ciencia cierta el estado 
real de la cuestión, sobre todo porque, como suele suceder, todos opinan 
sin saber. Tal vez por eso yo no había opinado, además de que a mí los 
trenes me dan nostalgia. Sin embargo, a estas alturas ya hay algunas 
cuantas cosas importantes que decir. Por ejemplo: que todo progreso 
traerá su retroceso y afectará a más de alguno, pero es progreso porque 
precisamente beneficiará a la mayoría. Está claro ya que la ruta del 
tren en Manzanillo no puede continuar así. Tiene que salir de la ciudad 
y ya no volver. El crecimiento del puerto es imparable y por más esfuerzos 
que se hagan nadie lo podrá detener. Claros en esto, póngase la solución 
en aquello que traiga menores estropicios. Hace un tiempo se decía que 
afectaría a comerciantes. Después se habló de daños colaterales y de 
ambiciones personales. Apenas ayer el presidente de la FEC y el mismo 
rector de la Universidad de Colima anunciaban que el túnel ferroviario 
por San Pedrito afectaría a más de dos mil quinientos estudiantes. 
Teniendo en cuenta que en un caso tan lleno de aristas como éste ya no 
se puede pensar en favorecer intereses individuales o de grupo, los 
expertos deberían enfocar su esfuerzo en dañar a los menos implicados, 
a quienes se les debe resarcir de los daños lo más posible. No es una 
ecuación difícil, aunque así lo parezca. Lo que sí no se puede poner en 
riesgo es la vida de los estudiantes, pues, hay que reconocerlo, hoy 
por hoy se presentan ante esta obra como el sector más vulnerable.

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