Mariguana: aún no para los mexicanos

Fuente: SinEmbargoMx

Tengo casi diez años enseñando literatura latinoamericana en la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. La primera sorpresa que tuve me la dio el jefe de recursos humanos cuando me entregó el reglamento universitario: lo que ahí se leía –fue más o menos lo que me dijo- es la realidad. Mientras lo ojeaba, no podía asociar lo que ahí se decía con la realidad, pues en México sabemos (yo mismo lo sé que estudié Derecho) que una  cosa son las leyes y otra la realidad. Hice a un lado el reglamento y me hice esta pregunta:  ¿ahora sí me van a decir cómo se hacen las cosas? Las cosas se hacen, lo comprobé después,  tal como lo indicaba el reglamento. La segunda sorpresa la tuve cuando un estudiante de mi  curso vino para decirme que me había equivocado en la nota que le había puesto: había sacado 70 y no 90, como yo le puse. Me asombró tanto esto como el hecho de que los estudiantes no copiaran ni sacaran el conocido acordeón durante el examen, como muchos estudiantes a los  que les di clases en universidades de México. Las comparaciones son malas, pero –querámoslo o no- las hacemos siempre irremediablemente. Tengo más ejemplos, pero basten estos dos para responder a la obvia pregunta: ¿a qué se debe esto? La respuesta es sencilla: en Nueva Zelanda funciona la educación. No es una sociedad perfecta, pero no lo es tan imperfecta como la mexicana, en donde la simulación –el mayor de sus males: ahí está ni más ni menos que la doble muerte de “El Chayo”- reina. Gracias a la simulación la verdad la venimos conociendo por canales alternativos, si bien nos va: nunca porque el Estado nos lo informe. Así: sabemos que nuestro país vive en la  época primitiva política por los grados de corrupción que presenciamos todos los días. Sabemos que padecemos el retraso económico por los casi cincuenta millones de pobres que están a la vista de todos, aunque las estadísticas nos digan lo contrario. Sabemos de nuestra deficiencia educativa por los cientos de políticos y miles de maestros analfabetas que nos gobiernan e instruyen, y ya están bastante bien documentados sus descalabros como para detenernos a enumerarlos. De esta manera: ¿cómo pensar en llevar a cabo reformas emprendidas por países del primer mundo (donde los niveles de conciencia son mayores y más evidentes) si nuestro juicio y criterio no ha sido formado para, primero, poder distinguir entre lo bueno y lo malo y, luego, poder tomar la decisión correcta. La despenalización de la mariguana, por ejemplo, como muchos otros temas de esta naturaleza, son inviables porque sin esta formación en el consumo de las mismas (así sea por prescripción médica) la excepción sería el consumo responsable, y no a la inversa. Veríamos ingresar a un enorme número de mexicanos en un “viaje sin retorno” y no habría sistema –porque el nuestro es fallido- que los salvaría. Eso sí: nos pondría en el extranjero como un país de primer mundo –otro Saving México-, pero nosotros, en silencio, tendríamos que tragarnos las consecuencias. No estamos aún para los grandes pasos si en los pequeños nos hemos ido de bruces.
 

 

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1 comentario en “Mariguana: aún no para los mexicanos”

Alberto Juárez Cortés 15 marzo ,2014 a las 2:18 pm

una triste pero absoluta verdad en México…baste leer “País de Mentiras” de Sarah Sefchovich para conocer innumerables casos más que documentados de esto…bien Rogelio!

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