Mercados

El otro día leí una nota que anunciaba que la CNOP, en coordinación con la Secretaría de Cultura y el Instituto Colimense de Radio y Televisión, iniciaría una fuerte campaña de promoción de nuestros mercados.
Leí la nota y sentí, debo decirlo, una felicidad enorme que me arrasaba de orilla a orilla, sobre todo porque la última vez que fui a comer al Mercado Constitución, y bajé a comprar unos bules para el agua a los puestos del primer piso, lo vi tan desolado, tan triste, como si de pronto toda la vida hubiese decidido abandonarlo. Recorrí sus pasillos como recorrer los ojos tristes de una muchacha que espera un tren que nunca llegará. Y, de pronto, sentí que algo muy nuestro, algo de muy adentro, se nos perdía también con los mercados.
Para el que no lo sepa porque tal vez no ha tenido oportunidad de vivir en el extranjero, los mercados mexicanos son los verdaderos museos que los turistas esperan visitar. Todo el color de nuestro país, todos sus olores, todos sus rostros, todos sus murmullos, todos sus hábitos, toda su identidad, la tenemos en el espacio que ocupa un mercado, y los estamos dejando morir, y sin razón, porque nadie negará que una pepena del mercado Obregón o un tatemado del Pancho Villa sabe mejor que una pizza de Wal-Mart o una hamburguesa de MacDonalds.
Por eso hay que celebrar que estas instituciones se hayan decidido a tomar esta iniciativa, esperando que se unan otras más, todas las posibles (incluidos medios de comunicación), para no sólo revitalizar los mercados sino todo aquello que conforma nuestra cultura popular, ese espejo que sí nos devuelve nuestro propio rostro.

Ecos de la Costa / Puedes tambien escuchar este Paracaídas en La Mejor FM, 92.5 de tu radio, los martes a las 8:30am.

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8 comentarios en “Mercados”

Los mercados son obras de arte. Ahí se conoce a la gente, más que en otro lado, sus vicios, defectos y virtudes; sus tranzas, sus bondades.

Sólo basta recordar que dichos museos urbanos fueron el aspecto que más maravilló y sorprendió al hijo de Isla negra en una de sus visitas a nuestro País.
Esperemos que realmente se lleve a cabo, y que no quede como una de las tantas iniciativas como parte de las políticas culturales con buena intención por parte de las autoridades. Saludos y felicidades por tu espacio Rogelio y por tan grata noticia.

Aprovecho el espacio mi estimado poeta, abogado y amigo para saludarte y felicitarte por tu atinado articulo sobre los mercados mexicanos, definitivamente para los que nos gusta lo mexicano y en especial la comida mexicano no se disfruta mejor que en un mercado mexicano, el pozole en el mercado de los agachados de Manzanillo, el menudo con tortillas hechas a mano en el mecado de Colima, la birria en el mercado de Mazamitla etc… si le hacen publicidad tecnologica bueno y si no como siempre los buenos comelones como tu servidor preguntando llegamos. SALUDOS

Así es. Fíjate que hace días salí a desayunar con mis tres hermosas hijas. Era sábado y tenía años sin visitar el Mercado Obregón. Saboreamos ahí unos ricos sopes de requezón y rajas, acompañados con café de olla y más tarde, un delicioso atole. Tomándolo, conocí a Don Jose, así, sin acento.
Es de La Estancia y muy conocido en los negocios de comida del mercado. De allá viene todos los días porque es su gusto, según me dijo. Me contó de las fiestas de su pueblo y que antes, cuando era muy pequeño, el dueño de la hacienda festejaba un día a los trabajadores que laboraban para él en el cultivo del arroz. Que entonces, se adornaban numerosas yuntas de bueyes con papel de china de colores y se sacaban a pasear por su pueblo. Luego, todo el que quería podía ir a disfrutar de un delicioso arroz con leche que se preparaba en un gran cazo de cobre.
Me despedí de él y después, tuve la fortuna de leer algunos párrafos que hablaban sobre la amistad y el trato a los ancianos; habían sido escritos por una señora que plancha dentro del mercado.
Al salir, una de mis hijas llevaba en las manos un papalote azul celeste, de ésos que llevan una enorme cola de tela de algodón. La otra, un yoyo de esos de madera que lucen pintura de vistosos colores.
Yo, por supuesto no podía perder la oportunidad y traía feliz entre mis manos una jugosa bola de guanábana.

Mercados, tianguis, jardines, fiestas patronales en las plazoletas de las iglesias, puestitos callejeros y más te construiré (aunque sea en una maquetita) aquí en Nueva Zelanda, Guedea, para que, aunque nunca llegue a ser lo mismo, por lo menos te sientas un poquito más en casa.

A veces los gobiernos pretenden promover algo autóctono y lo hacen a madias o mal. Aquí en Uruguay nos queda, solamente, el legandario Mercado del Puerto, en Montevideo. Los otros se fueron convirtiendo en otra cosa, más parecida a un moderno shopping que a un centro de reunión de la gente toda.

Pero aun el Mercado del Puerto, que atrae a los turistas que llegan al puerto en grandes cruceros, está a punto de perder una de sus mayores atracciones, que es la reunión de artesanos en sus veredas… ¡la Intendencia no los quiere ahí! Lamentable, los artesanos son como brazos externos de un recinto que sin ellos, no será lo mismo.

Ojalá se promocionen en México los mercados con todas sus atracciones, sin olvidar ni discriminar ninguna.
Saludos,
Eliza

Guerita, no olvides poner todo el folklore, o sea, el taco, agua fresca, las verduras y frutas, dulces, y el “colorido” lenguaje, si es verdad, nuestros mercados están desapareciendo, y son parte de nosotros, no solo las instituciones deben conservarlos, somos los mexicanos los que no debemos dejarlos en el olvido y hacer que desaparezcan, ya que desde la época prehispánica son parte de lo que somos como pueblo alegre y diverso.

Los mercados son la vida. A la edad de cuatro años asistí por primera vez a un panteón a sepultar al “Moscolote” un personajazo del barrio, el llanto de algunas señoras y la mañana lluviosa hicieron mella en mi pequeña alma. Pero de regreso mi madre me llevó al mercado y me compró un gran chocomil y par de hermosos huaraches de correa y eso fue una gran felicidad. por eso hoy en día cada vez que miro pasar un cortejo fúnebre me digo: ojala que los dolientes, de regreso lleguen al mercado a endulzar sus almas acongojadas. Saludos

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