México: de las palabras a la violencia

Deténgase el lector un instante y lea esto: “estudiantes normalistas destruyeron con piedras y bombas molotov los vidrios del acceso principal del Congreso de Guerrero durante una manifestación, apoyada por alumnos de diversos estados, en demanda de asignación de plazas para egresados” (Notimex). Ahora pregúntese esto: ¿es todavía necesario documentar con citas y estadísticas todos los males que padece México?, ¿es necesario realmente continuar día a día poniéndole nombre a cada acto de corrupción, a cada violación a los derechos humanos, a cada brecha que se abre entre ricos y pobres, a cada crimen? Y luego, ya que haya acumulado veinte, cincuenta, cien de estas injusticias, pregúntese esto: ¿qué cambió vio al siguiente día?, ¿qué se hizo de diferente manera cuando usted despertó, aquí, en su quehacer consuetudinario?, ¿se transformó algo?, ¿se hizo más justo el injusto?, ¿más honesto el corrupto?, ¿más solidario el egoísta?, ¿más generoso el avaro? Si a estas preguntas usted responde que sí, que pasado un día o dos o una nueva administración o dos usted vio que se hizo más justo el injusto, y más honesto el corrupto y más solidario el egoísta y más generoso el avaro, entonces podrá sentirse satisfecho porque estará seguro que todos los reclamos, denuncias, etcétera, que documentan con citas y estadísticas los males que padece México sirvieron de algo, para algo fueron útiles. Pero si usted ve que todo va de mal en peor, y que no pasa nada, y siente que naufraga en un mar de tempestades, y no le alcanza el salario, si tiene la suerte de tener un empleo, para que sus hijos puedan ir a la escuela y usted y su familia puedan tener una vida, ya no digamos como la que tienen diputados o presidentes, grandes empresarios o a los políticos que corrompen, pero sí decorosa, y puede viajar de vez en cuando a la playa para disfrutar de un día con su familia frente al mar, y jamás preocuparse por lo que les dará a sus hijos en el desayuno antes de irse a la escuela, entonces algo en todo esto está torcido y hay que cambiarlo. Yo, por ejemplo, veo a muchos amigos escritores e intelectuales que documentan aquí y allá (en blogs, periódicos, facebook, revistas) crímenes, injusticias, mentiras del gobierno, burlas a la sociedad, etcétera, y me parece que todo eso está muy bien, pero cuando luego se trata de juntar todas esas voces en una sola firma y esa firma hacerla una punta de lanza, y esa lanza enterrarla realmente en el esternón de los responsables de todo esta gran suciedad que padecemos, entonces todo se diluye, todo se posterga, todo se reduce a humo, y nada pasa. Nada. Me niego a decirlo, pero nada mejor me viene a la cabeza: cuando no hay diálogo, y cuando uno de los interlocutores hace y dice lo que se le pega la gana, aun cuando se le pide que module la voz y no humille ya de esa manera a la audiencia, lo que sigue es lo que usted leyó al principio de este artículo. Lo que sigue es la violencia. Lo que sigue, lo estamos viendo, es un chingadazo en el hocico del gobernante. No se trata de que los ricos ahora sean pobres y los pobres, ricos, se trata de que ricos y pobres tengan, por ley, las mismas oportunidades, y que, por ley, los que no tienen nada, tengan la oportunidad de tener algo, y que los que tienen demasiado, aun cuando haya sido ganado honradamente, por ley, como sucede en otros países, sean capaces de ver por los que nada tienen. De otra forma, se lo digo: no hay forma.

Ecos de la Costa


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