MORENA y el SUTUC: los esponsales rotos

A partir de mi artículo “Náufragos huelguistas”, Héctor Gutiérrez Magaña escribió “Ni náufragos ni movimiento, ¿o sí?”, en donde analiza algunos puntos que planteo. En algunos está de acuerdo y en otros no, pero su análisis es respetuoso y, además, propositivo. Eso es precisamente lo que he esperado de los universitarios en huelga de hambre, incluidos asesores y voceros: ideas, argumentos, y no injurias e insultos, como los que profiere Catalina Suárez Dávila, militante de Morena-Colima, contra todo aquel (yo mismo incluido) que disiente de ella. Ya lo sabemos: las personas profieren insultos cuando no tienen ideas o, en todo caso, cuando se les desvelan sus aviesas intenciones. En el caso de Suárez Dávila, para su desfortuna, son ambas: no tiene argumentos y, además, su conciliábulo con el líder depuesto del SUTUC, Leonardo Gutiérrez, es de carácter político y no universitario, pues pretenden a toda costa apoderarse de nuevo del SUTUC (pobremente auditado durante la gestión de Gutiérrez Chávez) para, a través de sus dineros, apoyar a Morena-Colima, donde Suárez Dávila milita. Para que vea que no escribo de oídas, como ella afirma, el 7 de abril de 2013, según nota publicada por ColimaPM,  fue electa Consejera Estatal Congresista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), y el 11 de abril de ese mismo año vendría Andrés Manuel López Obrador a tomarle protesta. ¿Dónde se llevaría a cabo esta protesta? Ni más ni menos que en el casino del SUTUC, que ya les servía desde entonces de centro de operaciones de Morena y cuyo control, por eso mismo, ansían recuperar, sin importar que ello ponga en riesgo la salud de los huelguistas, muchos de los cuales seguro ni siquiera saben de estos reprobables fines. De ese tamaño son las ambiciones políticas de este grupo que perdió la rectoría. Que le haya desvelado sus reales propósitos no le ha gustado nada a Suárez Dávila, pero lo hago porque, si bien es cierto que los tiempos pre-electorales han comenzado (lo que augura batallas duras), la Universidad de Colima debe ser foro de debate de ideas, sí, pero no de beligerancia política, y mucho menos de financiamiento de ningún partido, como lo quiere Leonardo Gutiérrez y su grupo con Morena. Si el asunto fuera estrictamente el FOSAP, la ficha de depósito presentada por el rector recientemente en comunicado televisivo, más el acuerdo con el nuevo líder del SUTUC de depositar el resto en los tiempos acordados, habría sido suficiente para levantar la huelga de hambre, pero, insisto, no es éste el motivo de la huelga y, por tanto, no me cansaré (aunque me insulten) de repetirlo. Los huelguistas que creen que discrepar de su malintencionado movimiento es estar en contra de la búsqueda de una universidad mejor, se equivocan. Yo fui quien, antes que ellos, alenté la democratización de nuestra universidad, pero en ese tiempo ninguno de los que hoy “luchan” hicieron nada, pues no se les había tocado su estado de confort, ni sus ambiciones políticas. Sigo creyendo en este cambio, pero tiene que ser por la vía legal y tocar la causa de fondo del asunto, no sus efectos (y menos si para estos ofrecen como solución algo siniestro, como lo quieren los huelguistas). ¿Quieren que esté a favor de su movimiento? Entonces empecemos a pensar en reformar la ley orgánica universitaria, que es el esqueleto de nuestra alma máter, y su corazón. Actualicémosla, como siempre he propuesto, para atacar la raíz del problema y no su maquillaje, pero no a través de injurias en la calle, sino en el Congreso del Estado. No se trata de ir tapando baches, sino de cambiar completamente la calle por la que caminamos todos. Yo sé que los huelguistas no quieren esto, y se los digo aunque les duela: no quieren gloria, quieren poder, así que mientras siga siendo así aquí seguiré derribándoles sus falsos heroicismos.

 

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