Moreno Peña, a la cárcel

Lean esto, que fue parte de la campaña sucia que el ex gobernador Fernando Moreno Peña llevó a cabo en contra del hoy gobernador Mario Anguiano, cuando éste apenas aspiraba a ser candidato a la gubernatura: “Entonces por qué creer que al narcotráfico, que es la causa de la violencia y de los últimos crímenes y que amenaza al pueblo de Colima, les vamos a entregar la candidatura del PRI a la gubernatura. Yo creo que no es así, por eso no comparto la idea de quienes creen que el gobernador está dando línea en favor de Mario. Si el narcotráfico en la persona del procurador ha amenazado al pueblo de Colima, ninguna persona, de ningún partido, vinculada al narcotráfico, así sea familiarmente, debe ser postulada a cargos de elección popular”. Bien, utilizando la misma ironía de probeta del ex gobernador Moreno Peña, yo diría: se equivocan los que creen que el también ex rector de la Universidad de Colima ha buscado un acercamiento con el gobernador Anguiano Moreno para limar asperezas y buscar la rebanada del pastelote. Nanáis. En qué cabeza cabe que el inmarcesible ex diputado federal Moreno Peña va a hacer junta con alguien que asegura tiene lazos con el narcotráfico, él que –de un tiempo a esta parte- se muere por demostrarnos que goza de una blanquísima reputación y ahora, como su periódico el Diario de Colima, hasta en justiciero social se ha convertido. ¿Se arriesgaría Moreno Peña a que, con este acercamiento al gobernador Mario Anguiano, también lo acusaran de tener lazos con el narcotráfico? Ay caray: no lo creo. Yo creo que más bien fue a Casa de Gobierno a pedirle al gobernador que no le vaya a meter mucho las narices en toda su fortuna inmobiliaria y en todo el resto de sus negociazos, que es lo que debería hacer en realidad el gobernador Mario Anguiano. Si yo fuera gobernador, como lo es hoy el gobernador Mario Anguiano, al primero que mandaría a la cárcel es a Moreno Peña, me canso. Y antes de que entrara sin tocar baranda, lo sacaría a ocho columnas en el periódico con el número de interno pegado en el pecho, tal como hizo el ex (ya todo en Moreno Peña es ex) con el buen amigo Jorge Luis Preciado. Obviamente, yo agregaría algo más al protocolo: lo haría atravesar un pasillo largo lleno de gente que lo odia para que se rieran todititos de él al pasar. Diciendo: lero lero, Moreno Peña, en el Cereso te quiero. O: Lero lero, Moreno Peña, eso te pasa por culero. La sociedad me lo agradecería infinitamente, estoy seguro, y yo quedaría feliz de saber que, al menos por primera vez, cumplí la voluntad del pueblo y no la de, como siempre, dos o tres.

Ecos de la Costa

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