¡Muévete Colima!

No hablaré hoy de política, aunque finalmente se trate de un asunto político o de voluntad política, pero estrictamente no de política sino de  un programa que he seguido de cerca y que me parece un ejemplo de las muchas acciones que puede hacer un gobierno para promover el bienestar social,un contrafuerte real contra la violencia y el desasosiego ciudadano.

Se trata del programa “Muévete Colima”, que impulsa el Instituto Colimense del Deporte (Incode)  a través del cual se ofrecen clases gratuitas de zumba en diferentes sedes de nuestra entidad, entre ellas la Piedra Lisa y la cancha de la calle Díaz Mirón (con la espléndida maestra Jessi Cardenas), las colonias Pancho Villa y  Nuevo Milenio (con Liz Vega), la Cedefu de la Albarrada (con Wendy de Bueno), el Tívoli (con Adriana Hayns), etcétera,  no habiendo sedes lamentablemente en Tecomán, Cuauhtémoc y Comala, municipios (sobre todo el primero) que se vería muy beneficiado con un programa así.

He sido testigo, decía, no sólo del éxito de este programa sino de la utilidad que tiene para la comunidad. Una de sus participantes (una señora ya de cierta edad) me decía que ir a las clases de zumba le producía un bien tan significativo a su salud y estado de ánimo que incluso iba dos veces al día, en la mañana y en la tarde. No lo dudo: en las clases, de gran concurrencia, se siente un ambiente de fiesta e incluso de hermandad comunitaria, uno puede incluso sentir en el cuerpo las vibraciones generadas por el chorro de energía que expiden las mujeres bailando al atardecer.

Cada finales de mes, por cierto, hay una mega clase en la cual se unen diferentes grupos de zumba de las diferentes sedes con sus instructoras respectivas y aquello es todo un acontecimiento, mismo que también pude constatar.

Pero no todo, lamentablemente, es miel sobre hojuelas, y esa es la razón también de este artículo: pese a que las maestras de zumba logran sacar exitosamente sus clases, también es cierto que les hacen falta más recursos materiales (incluido un mejor pago) para el mejor funcionamiento del programa, dicho, sobre todo, por las asistentes. No puede ser posible, por ejemplo, que en la sede de la Piedra Lisa no haya ni luz en la explanada techada donde se lleva a cabo la clase y, cuando cae la tarde, se tenga que bailar en la
oscuridad.

Ante programas tan exitosos como éste el gobierno no puede escatimar, al contrario, debe redoblar esfuerzos para que el programa crezca y quienes lo hacen posible también reciban las remuneraciones justas. Ojalá que las autoridades pongan su dedo en este renglón y subsanen las deficiencias, y ojalá también, por otro lado, que las mujeres y hombres que realmente quieran pasar un rato agradable y saludable acudan a una de estas sedes (la información aparece en la página del Incode) para que gocen del beneficio que les otorgan los propios impuestos que pagan año con año.

 

 

 

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