Murales

Se ha desatado una polémica enorme en cuanto al maltrato recibido por un mural del pintor colimense Chávez Carrillo. Al parecer, ha venido siendo objeto de violencia (como todo en nuestro país) por parte de las autoridades del municipio de Villa de Álvarez, que no saben –al parecer- apreciar el arte ni todo aquello que constituye la memoria de un pueblo. Toda la defensa que se debe hacer para ponderar el valor artístico de este mural y de cualquier otro ha sido ejemplar. Pero el asunto aquí es hacer una reflexión sobre la falta de sensibilidad que muchos actores políticos y servidores públicos tienen hacia los legados culturales. Un mural colimense de mediados del siglo pasado en el abandono, trátese del pintor que se tratare, dice más de una sociedad de lo que uno podría creer. ¿De qué nos habla en el fondo? De un sistema de educación fallido. Imagínese usted: si el rector de nuestra alma máter (hijo de una persona ilustrada, gran maestro de derecho romano -mío en la Facultad de Derecho-, excelente sonetista) salió el otro día declarando que si lo del “Puerto Seco” no se hacía (empezaba a alegrarme pensando en la idea de un gran centro de investigación agropecuaria) se tenía la idea de poner una empresa automotriz (aquí sí ya no pude ni escribir de la risa, vaya ocurrencia), imagínese qué se podría esperar de servidores públicos que, por desfortuna, no nacieron en la misma cuna o que, naciendo, poco provecho le sacaron. Pero volviendo al mural de Chávez Carrillo, yo insistiría, primero, en que se restaure inmediatamente y, segundo, en que, como hacían los dialécticos griegos, no sólo se vea la parte sino el conjunto, y esto sirva para que nos demos cuenta (otra vez) que el ámbito que más nos está rogando atención es el educativo, que, entre otras muchas cosas más, afila la sensibilidad y templa los valores.

Ecos de la Costa

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