No a la mina en Canoas

Hace unos días, los pobladores del Ejido de Canoas tuvieron que armarse  de machetes para pronunciarse en contra de la instalación de una mina explotadora de hierro en dicha comunidad. Los pobladores hicieron énfasis en los daños que este proyecto minero traería no sólo al medio ambiente, sino –lo que no es poco- a la calidad de vida de la gente de Canoas.
El problema no es menor teniendo en cuenta los daños que estas minas causan a la flora y la fauna (incluida la humana) en el futuro inmediato, aun cuando el delegado de la Semarnat en nuestro estado, Ernesto Pasarín Tapia, afirmó que el proyecto minero era viable. Está probado ya que los beneficios económicos no compensan el daño ambiental ocasionado por las mineras, y para ejemplo tenemos el caso de Cesar o el grupo Drummond (en Colombia), éste último sancionado ya por los desastres naturales ocasionados, o el proyecto minero Pascua Lama (en Chile), que ha ocasionado daños irreversibles en los glaciares. Además, recientemente la Universidad Autónoma Metropolitana (apoyada por otras instituciones académicas) presentó información importante sobre los perjucios que ocasionan las mineras en los cuerpos de agua de nuestro país. Por lo anterior, hay que aplaudir la determinación del Congreso del Estado por el hecho de haber negado la explotación minera en el Ejido de Canoas, tal como a principios de diciembre del año pasado determinó lo mismo en beneficio de la comunidad indígena de Zacualpan, en Comala.  Emerson, ya en el siglo XIX, afirmó: “el hombre más feliz es el que aprende de la naturaleza las lecciones de adoración”.
Ya es hora de que empecemos a entenderlo.

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