Peña Nieto y la reforma…moral

La euforia por las reformas ha sido la constante del gobierno de Peña Nieto, desde el inicio de su gestión.
Primero la educativa (que hace poco demostró que venía llena de faltas de ortografía) y luego la energética (cuyo modernización parece no tocar al líder petrolero Romero Deschamps, convertido ya en una mancha negra para la paraestatal).
Incluso, si hacemos memoria, se creó el Pacto por México para cobijarlas e impulsarlas.
Con esto, el gobierno de Peña Nieto pretendía legitimarse, después de haber llegado al poder con casi nula credibilidad. Con esto y también con aquel  emblemático encarcelamiento de la eterna lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, que pasó a ser –de un día para otro- la “maestra mala” del cuento.
Los resultados han sido imperceptibles y la evidencia de que estábamos frente a una mascarada empezó a brotar hace unos días, cuando fue liberado Raúl Salinas de Gortari, hermano del ex presidente Carlos Salinas, quien además de su libertad obtendrá de vuelta todas las pertenencias que le fueron incautadas por no haber existido elementos que demostraran (y he aquí la irritación social) el delito de enriquecimiento ilícito del que era acusado.
Más recientemente se dio otro revés de no menor daño: la liberación del capo Rafael Caro Quintero, después de haber pasado 28 años de cárcel. Algunos analistas especulan sobre la posibilidad de que el polémico narcotraficante haya financiado incluso la campaña de Peña Nieto.
Sólo para que no quede duda de quién manda, consignemos este registro: mientras El Chapo Guzmán escapó entre las ropas sucias del servicio de lavandería (durante el gobierno panista de Vicente Fox), Caro Quintero, en cambio, salió por la misma puerta del reclusorio con la ropa limpísima y el pelo bien peinado y recortado (actual gobierno priista).
El sospechosismo se impone con prueba irrefutable: el dedo presidencial goza de impecable salud.
Por eso, la única reforma que podría salvar a estas alturas a las reformas impulsadas por el gobierno de Peña Nieto es ésta: la reforma moral.
Pero ya no se distingue en el horizonte.

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