Polémica abajo

Veo que Adalberto Carvajal, ya sin argumentos, opta mejor por dejar la polémica. Es más, pasó del terreno de las ideas al de las reprensiones morales y ahora me dice que tengo una vanidad infinita porque defiendo mis posturas y no acepto las suyas, claramente insustentables como decir que lo dicho por la doctora Montserrat Quesada sólo aplica en Barcelona, que es desde donde, supongo, escribió su artículo. Yo no sé quién sea en realidad más intolerante, de verdad: si yo que no acepto ideas contrarias a las mías –y por eso Adalberto se mete ya al terreno personal, que yo ni siquiera he tocado- o él que termina llamándome gatillero y, emberrinchado, afirmando que en Ecos de la Costa se hacen las cosas como él dice, pese a quien le pesare, además de creer que como vivo en la ciudad paradisiaca de Nueva Zelanda yo ya estoy fuera de la realidad y no tengo derecho a opinar sobre un país  y una ciudad en la que nací, crecí y quiero. Pero con un polemista como Adalberto Carvajal, que se pone rápidamente nervioso y empieza a disparar a diestra y siniestra –menos mal que no me llamó Narcopoeta o Becario Ingrato o Poeta Plurinominal o Colaborador Malagradecido-, no hay mucho qué hacer.  De lo que no se ha dado cuenta Adalberto, o quizá sí pero no quiere aceptarlo, es de que la primera plana de Ecos de la Costa ha mejorado mucho desde que hice el comentario al respecto. Ayer mismo, en la foto que anuncia el nuevo hecho sangriento no aparecen ya los cuerpos abatidos en el suelo, como anteriormente, sino, en cambio, algunos militares, a lo lejos, acercándose a la escena del crimen. Y eso es lo que a mí en realidad me importa. Hechos, no palabras. Este ejemplo lo deberían seguir todos los periódicos de Colima y México. Bien por Adalberto Carvajal por alejarse del mercantilismo morboso y hacer un periodismo serio y responsable, tan necesario en estos tiempos aciagos.

AFMEDIOS

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