Reforma educativa, nuevo PRI y Elba Esther Gordillo

El primer cónclave de legitimación política lanzado por el presidente Enrique Peña Nieto fue, sin duda, el llamado Pacto por México, que muchos compararon con el de Moncloa, durante la transición española de 1977.

 

El Pacto por México logró reunir a los actores políticos de mayor importancia, con sus ausencias consabidas. La más notoria: Morena, de López Obrador, para quien no fue sino “un plato de mentiras”.

 

Entre los puntos sin duda trascendentes está el correspondiente a la reforma educativa, cuya aceptación fue unánime, como unánime es el repudio que se tiene por Elba Esther Gordillo, recientemente erigida presidenta vitalicia del SNTE.

 

La reforma educativa que se propone es, al parecer, revolucionaria y tiene como base esencial devolver el control de la educación mexicana al Estado.

 

El objetivo que primero saltó a la vista: restarle poder a Elba Esther Gordillo, lastre principal de nuestro retroceso educativo.

 

Aunque el propio secretario general del SNTE, Juan Díaz de la Torre, declaró que celebraban la iniciativa del presidente Peña Nieto, nadie duda que La Maestra es la mala de la película en cuanto al tema de la educación en México y que en contra de ella tiene que ir dirigida esta avanzada, aunque la diplomacia política (incluida la del nuevo secretario de Educación, Emilio Chuayffet) intente negarlo.

 

Pero como a veces el remedio es peor que la enfermedad, también es muy temerario creer que devolviendo el control de la educación al Estado, en este caso priista, la revolución educativa estará garantizada.

 

La manera en que se llevaron a cabo las elecciones pasadas dio indicios significativos de que el nuevo PRI encabezado por el presidente Peña Nieto era una mascarada bajo la cual, más bien, se escondía el PRI dinosáurico de siempre.

 

¿Cómo, entonces, creer que algo que no se ha transformado puede propiciar transformaciones?

 

El slogan tiene que lanzarse sin reticencias: una reforma educativa que deje intacto el cutis de la presidenta del SNTE, Elba Esther Gordillo, es cualquier cosa menos una reforma educativa.

 

Y, en ello, irá la credibilidad del Pacto por México.

 

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