Sucesión rectoral: balance

Mi balance sobre la sucesión rectoral, en la que ha resultado electo por mayoría el contador Eduardo Hernández Nava, se reduce a lo siguiente: lo que parece no es. Si las circunstancias históricas así lo piden, entonces habrá que darle la vuelta a la realidad y mostrar su espalda, que también tendrá mucho qué decirnos. Dejo aquí constancia, de una vez, porque la memoria se impone infiel y escurridiza. Lo que sí debe aclararse es algo que niega lo escrito por Adalberto Carvajal, director de Ecos de la Costa y amanuense de Humberto Silva Ochoa, quien aseguró que, con sus acechanzas, el gobierno del Estado había intentado desestabilizar el proceso sucesorio. Si alguien se mostró respetuoso (creo, incluso, que de más) en el proceso de sucesión rectoral fue el propio gobernador Mario Anguiano, de otra forma se habría impuesto un candidato como mi querido maestro René Rodríguez, quien, según lo declarado por él mismo, no habría llegado legitimado. Si se tratara de otro gobernador, un sátrapa como Moreno Peña, por ejemplo, entonces esta historia habría sido diferente, y podría haber llegado como rector, incluso, algún extraterrestre de una remota galaxia. No fue así: los que acecharon la sucesión rectoral fueron, precisamente, dos ex rectores interesados en sus arcas: por un lado, Humberto Silva Ochoa, dueño de Ecos de la Costa, que usó como un trapo al  líder del SUTUC, Leonardo Gutiérrez, para después pisotearlo a la menor provocación, y, por otro lado, Moreno Peña, quien, a través de Diario de Colima, marco la línea más cruenta sobre el proceso de sucesión rectoral, evidenciando, con la propia información que tal rotativo publicaba, que tenía todas las manos adentro. La percepción generalizada, incluida la que se ofrece en revistas como Proceso, es que esta contienda la ganó Moreno Peña. Pero, como dije, lo que parece no es y este triunfo puede ser de los universitarios, capitaneados por el ahora ex rector Miguel Ángel Aguayo, o puede ser de la infamia. O de ambas o de ninguna. Ya habrá tiempo para que el tiempo, que pone todas las piezas en su justo lugar, nos lo vaya confirmando o negando. Yo, por el momento, sigo creyendo que Leonardo Gutiérrez no debió declinar en sus aspiraciones por la rectoría y que en la terna debieron estar tres rectorables que, por sus perfiles, legitimaban a la Junta de Auscultación y al Consejo Universitario: Eduardo Hernández (hoy rector), Christian Torres Ortiz y Juan Carlos Yáñez Velazco. Este último, por cierto, académico y funcionario universitario sin tacha, no merecía lavar los platos sucios de todos, así que la Junta de Auscultación está obligada a darle a la sociedad colimense más de una explicación. No es hora, pues, de hacer leña del árbol caído porque, como sabemos, la verdadera batalla apenas va a empezar.

 

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