Tiempo electoral

Arrancamos 2015 con la certeza de que no habrá tema político de mayor envergadura en la arena pública que la jornada electoral que se llevará a cabo a principios de junio. Todo lo que se diga o calle, todo lo que se haga o deje de hacer en torno a la política estatal pasará, invariablemente, por el tamiz electoral, de manera que hay que empezar a acostumbrarnos de una vez por todas a las riñas preelectorales, electorales y, por qué no, postelectorales. Este año es, pues, un año de elecciones, y ya estamos a días o semanas de presenciar el ungumiento de los candidatos a los diferentes cargos de elección popular (para gobernador, munícipes y diputados federales) de los diversos partidos y coaliciones. Si bien de entre todos, el más importante es, sin duda, el de gobernador, para el cual se perfilan Virgilio Mendoza por el PAN (y sus posibles partidos coaligados) y Federico Rangel Lozano  por el PRI (y sus también partidos aliados), no menos importante es la disputa por las alcaldías, entre las cuales destacan la de Manzanillo y Colima, los municipios con mayor impacto en el desarrollo social del Estado. En estas alcaldías sobresalen ya varios candidatos también. Para Manzanillo, por ejemplo, tenemos a Gabriela Benavides por el PAN y a Fernando Morán por el PRI, los dos más sólidos contendientes. Para Colima, se tiene despuntando a Óscar Valdovinos por el PRI y a Esmeralda Cárdenas por el PAN, aun cuando a esta última la quieran (muy injustamente) poner otra vez en la banca.  PRI y PAN, los dos partidos que serán líderes en este proceso electoral, nos harán atisbar el rostro que tendrá Colima en los próximos seis años, pues en cada uno de los candidatos que nominen podremos ver el estilo personal de gobernar, sus filias y sus fobias políticas e ideológicas, sus vicios y sus virtudes, todo eso que luego dejará su marca en nuestras instituciones y en nuestra sociedad, para bien o para mal. Ojalá que podamos ver en la próxima jornada electoral una real evolución en el desarrollo de nuestra democracia y de los relevos generacionales en la política estatal, y no regresiones hacia prácticas despóticas ya inadmisibles para los tiempos que vivimos actualmente. Los partidos políticos y sus representantes no deben olvidar que no se trata de que ganen unos u otros, no es una guerra por ensalzar más la cultura de la partidocracia ni por crear una apología del poder por el poder, sino de que tal gloria sea un baluarte que beneficie única y exclusivamentre a la sociedad, razón de ser de todo Estado. Seguiremos atentos, como siempre, el desarrollo y la conclusión de este proceso decisivo para el futuro de nuestra entidad.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios