¿Tigres o gobierno opresor?

Fuente: SinEmbargoMX.

Algunas preguntas con respecto al sistema político mexicano y sus gobernantes nos las podría responder perfectamente Confucio, pues los confucianos siempre esperaron de los gobernantes un nivel considerable de sabiduría transformadora y, al mismo tiempo, de ética en el ejercicio del poder, ya que lo peor que puede sucederle a una sociedad es tener un gobierno corrupto. Por eso, aquel pasaje de la mujer llorando junto al río es ejemplar. Y es éste: cuentan que un día yendo Confucio caminando por el borde de un río, con uno de sus pupilos, encontró a una mujer llorando junto a un estanque, bajo la sombra de un árbol frondoso. Al ver que la desdichada mujer no paraba de llorar, el Maestro le pidió a su pupilo que se acercara y la interrogara, para saber qué era lo que la tenía sumida en tan inmenso dolor, lo que su pupilo hizo inmediatamente, y de buena gana, yendo detrás suyo el Maestro. El pupilo preguntó a la mujer que por qué estaba llorando y la mujer, secándose las lágrimas, le contestó que lloraba porque una vez el padre de su esposo fue asesinado ahí por un tigre, y que tiempo después fue asesinado también del mismo modo su esposo, y no hacía mucho que también había sido muerto del mismo modo su hijo, desmembrado y devorado por un tigre. El pupilo, al ver el desconsuelo de la mujer, le preguntó: ¿y por qué no deja este lugar? A lo que la mujer, sin titubeos, replicó: “porque aquí no hay un gobierno opresor”. Fue entonces que el maestro Confucio dio un paso hacia adelante y, pasándose el dorso de la mano por la frente, dijo a su pupilo: “no olvides nunca esta enseñanza, querido hijo, el gobierno opresor es más terrible que los tigres”. Vale la alusión del pasaje de Confucio en este momento porque la imposición de la reforma energética del gobierno priista (que no accedió a una consulta nacional y sí, en cambio, cedió a los intereses extranjeros), la doble moral de los panistas (que cedieron a las teiboleras, pero no a la defensa de nuestro petróleo) y la fragmentación de la izquierda (uno de cuyos fragmentos cedió al PRIAN, mientras el otro accedió a la intolerancia), en suma toda la clase política mexicana, han dejado al pueblo sin una vía real de evolución, solo sujeto al capricho de un sistema corrupto y opresor, como el de la anécdota confuciana. Con un país así abismado, en el que se espera un éxodo peor al sufrido actualmente por los niños centroamericanos, los especialistas sabrán que ya no nos queda mejor solución que ésta: que nos traguen los tigres.

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