Universidad de Colima: 75 años

Los 75 años de la Universidad de Colima deben celebrarse mirando, principalmente, hacia el futuro. Mirar al pasado es importante, lo sabemos, pero siempre que de esa experiencia obtengamos sólo lo valedero. Volver al pasado para resucitar odios o resentimientos es una labor estéril. Por eso, celebrar los 75 años de nuestra alma máter debe imponernos una reflexión sobre lo por venir. Tres ámbitos del quehacer universitario son para mí fundamentales y deberían derivar, en lo mediato, en cambios visibles: la investigación, la enseñanza y la administración. Con respecto al primero, yo propondría, en principio, un Instituto General de Investigación Universitaria que concentrara, organizara y sistematizara todo lo que se haga en el ámbito de la investigación en nuestra casa de estudios, incluso que sirviera como filtro inevitable para la búsqueda de recursos externos, capacitara a los nuevos investigadores en su camino de ingreso al Sistema Nacional de Investigadores y asesorara los proyectos de investigación que, por supuesto, derivarían en publicaciones en revistas arbitradas de prestigio. Teniendo en cuenta que la investigación es una función sustancial de toda institución educativa del nivel superior, este Instituto, que sería similar al que existe en otras universidades del mundo (bien posicionadas en esta área), podría traer innumerables beneficios. Para el rubro de la enseñanza, yo propongo la creación del Centro de Desarrollo Educativo, mismo que se dedique exclusivamente a la capacitación pedagógica y didáctica (para lo cual tendría que tener profesores de planta haciendo investigación al respecto) y, además, que se encargue de evaluar todos los procesos de enseñanza-aprendizaje, con el fin de que se convierta en el termómetro que nos ayudará a saber, por ejemplo, cómo nuestros estudiantes evalúan a sus profesores. Esta herramienta podría incluso servir como referente a la hora de otorgar los estímulos al desarrollo del personal docente, porque además sería más objetivo y democrático. Con respecto al último ámbito, sería importante que o bien como una extensión del área de Recursos Humanos o bien como una entidad independiente se cree un consejo de administración encargado sólo de la regulación y reglamentación universitaria, así como de la discusión de sus normativas. La responsabilidad de este consejo podría ir desde asuntos tan trascendentes como la reforma a nuestra Ley Orgánica (que ya necesita, por cierto, una modificación considerable) hasta aquellas normas que rigen el uso del internet con fines laborales o el comportamiento ético de profesores, funcionarios y estudiantes. A sus 75 años, pues, nuestra alma máter no debe (ni puede) cruzarse de brazos. Una de las fortalezas que debe alentar para lograr estos retos será el compromiso y la unión de toda la comunidad universitaria, que debe seguir ponderando la libertad, el disenso y la tolerancia, pero siempre y cuando estos no adquieran el rostro del fanatismo, la injuria y la intransigencia.

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