Universidad de Colima y la reforma urgente

Si antes la simulación era un cáncer que definía –y que sigue definiendo- al sistema político mexicano, hoy empieza a enrarecer de igual modo al educativo. Simular, para expresarlo con sencillez, es decir una cosa y hacer otra. Simular es, pues, “cubrirse las espaldas”. Es maquillar. El foco rojo actual -y el grave problema que se avecina en el futuro de la educación en México- no es sólo de cobertura o financiamiento, sino, lo que es peor, de politización del sistema educativo por parte de todos los tránsfugas de la política que buscan cobijo en las universidades. Esto que ha venido sucediendo en la Universidad de Colima desde hace décadas, y que se creía que se iba a terminar con el rectorado de Aguayo López, quien ha resultado igual o peor que su antecesor, está sucediendo también en otras universidades del país, en donde –como me lo escribía una maestra de la Universidad de Morelos- es difícil ya disociar lo que es político de lo que es académico. Señalaba enfática la maestra, cuyo nombre prefiero dejar en el anonimato: “Mientras la Rectoría deje de ser un puesto político y no se vuelva a la Academia las cosas seguirán igual. He visto al rector rodeado de achichincles sombrerudos que más que representantes universitarios parecen guaruras”. Mal de muchos consuelo de… aparte, es curioso cómo, para el caso de la Universidad de Colima, de las grandes verdades se ha pasado a las mentiras irrisorias, y cómo el rector Aguayo López ha tenido que acudir a una estrategia de simulación mediática para intentar tapiar la crisis por la que atraviesa su liderazgo, como bien lo señaló con toda lucidez Jorge Velasco Rocha, ex dirigente del PSD. Aparecer, entonces, en una imagen al lado del gobernador electo Mario Anguiano no refleja el interés que tiene el dirigente universitario por nuestra alma máter sino por conseguir (antes o al término de su rectorado) un puesto de primer nivel en el gabinete estatal, lo que demostraría –y sé que no voy a equivocarme- que amor por la universidad o la academia ninguno. Por otro lado, decirnos con insistencia a través de fotografías tomadas con curas de iglesia (cuya acción ya fue cuestionada otra vez) o entrevistas inducidas hechas con representantes de instituciones nobles que el Sorteo Loro es el gran panadol que vino a quitarle todos los dolores de cabeza que aquejaban a la sociedad, ofende la inteligencia de los colimenses. Con las estrategias mediáticas sucede como con los thrillers, si no se renuevan, pronto adivinaremos que el asesino es aquel que sólo apareció una vez en escena. Esto es: nadie lo cree. Y nadie podría creerlo porque todo mundo sabe que más benéfico que los dividendos que deja el Sorteo Loro dejaría el hecho de poner en un solo saco –y para beneficio de los estudiantes que no pueden pagar sus estudios- todo el dinero que Aguayo López reparte, o bien para silenciar a los que se atreven a cuestionar su liderazgo, o bien para que hablen bien de él, o bien para pagar los altos costos que genera publicitar, por decir algo, el Sorteo Loro o la plantación de arbolitos. Séneca decía que para hacer cosas realmente trascendentes había que mirar la vida en su conjunto y no en “partecitas”, y tener, además, claros los objetivos y bien trazada la dirección de la voluntad. Así que si realmente el rector Aguayo López quiere hacer algo por nuestra alma máter, algo verdaderamente trascendente, como lo que hizo el gobernador Silverio Cavazos al desterrar a todos los porros que querían secuestrar otra vez Colima (y que espero el gobernador electo Mario Anguiano no vaya a cometer el error de dejarlos entrar), decía, si el rector Aguayo quiere hacer algo realmente de impacto histórico, entonces debería empezar por constituir un comité académico para reformar, de una buena vez, la Ley Orgánica de nuestra universidad, y así tener una legislación que, en primer lugar y como prioridad, transparente los procesos de selección y elección no sólo del rector sino de todos los cargos clave dentro de la burocracia universitaria, y que todo eso se haga –como se hace aquí en la Universidad de Otago- tomando dos principios básicos: igualdad de oportunidades y, sobre todo, méritos académicos. El Sorteo Loro, la plantación de arbolitos, el negocio restaurantero, etcétera, son y seguirán siendo “partecitas” de una visión mediocre apoyada igualmente por mediocres. No: una reforma a la Ley Orgánica universitaria debe ser el Proyecto de este rectorado. Si no se hacen estos cambios sustanciales en las universidades, y se sigue teniendo rectopolíticos represores y corruptos, no habrá presupuestos estatales ni federales que alcancen, ni ahora ni nunca, para solucionar los problemas de la educación mexicana.

Ecos de la Costa


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