Ventanas abiertas

Nadie en Colima debería tener vehículos con cristales polarizados, y menos ahora que necesitamos vernos los unos a los otros más que nunca. Una ciudad de “ventanas abiertas” sería lo más sano para los que llegan, para los que se van y para los que se quedan, por siempre. Lo que se oculta es hermano de lo ruin, se sabe. De ahí que las declaraciones del gobernador Mario Anguiano en el sentido de que despolarizará los cristales de su vehículo y pedirá a los miembros de su gabinete que hagan lo propio, demuestra -con hechos- una vocación de transparencia. La sociedad misma debería seguir esta avanzada, y -junto con el mandatario y su gabinete- no sólo despolarizar los cristales de sus vehículos sino, sobre todo, de sus intenciones, sus deseos y acciones, su actitud frente a los retos del tiempo nuevo. Despolarizar los cristales del vehículo como los entretelones de la conciencia ciudadana, que todavía tendrá que enfrentar peores males que los que ya sufre ahora: la carencia de agua, la catástrofe ecológica, la demografía, etcétera. Cada vez nos parecemos más a aquello que siempre negamos en otros países o continentes. Empecemos, pues, por las pequeñas cosas, que es desde ahí -un ladrillo, luego otro, y otro más- desde donde se levantan las grandes fortalezas y se derriban todas las miserias.

Ecos de la Costa

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios