Violencia abajo

La estrategia del gobierno federal en el combate al narcotráfico ha maniatado no sólo al gobierno de Colima sino a todos los estados de la República. Más que militarizar, los gobiernos priistas, por lo menos, deberían alzar la voz y pedir que el gobierno de Felipe Calderón modifique su avanzada. Deberían pedir un cese en tanto se adopta la única solución que acabará con un mal que se ha dejado crecer por décadas: la educación, que previene. Nadie sabe ya quién fue primero: si la corrupción o el narcotráfico. Pero no se olvide que, como la corrupción, el narcotráfico es ya un problema de raigrambre cultural. Es parte de nuestra identidad, como la tortilla. Y yo pregunto: ¿es a balazos como nos quitaríamos el gusto por los tacos? De esa dimensión es el problema. Los gobiernos priistas deben, entonces, alzar la voz. Reunirse, estudiar de veras a fondo el problema (aunque dudo que todos quieran realmente solucionarlo, pues muchos priistas son parte del problema!) y luego sentarse con el presidente Felipe Calderón para persuadirlo de que los caprichitos lo único que están dejando son una pila de muertos inocentes. Colima no debe militarizarse. No es culpa ni de este gobierno ni de esta sociedad la violencia que vivimos, no se hagan imbéciles los que así lo pregonan, en aras del simple beneficio personal. Por eso, Colima debe, en voz del gobernador Mario Anguiano, promover a nivel nacional con sus pares priistas un cambio en la pésima estrategia del gobierno federal. Proponer prevenir antes que curar: una campaña enorme contra las adicciones en todos los niveles escolares, una apuesta por el deporte a gran escala, una construcción o regeneración de centros de rehabilitación con información eficaz para la sociedad civil y, sobre todo, una mayor conciencia cívica por parte de aquellos que dirigen el destino de México, aunque sea por una sola vez en su vida. Si no se hace esto, esta guerra será interminable y terminará por acabar hasta con la esperanza. Dije la esperanza, sí, ese país que en mi país, ahora, ya pocos conocen.

Afmedios

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