Narradores españoles hoy y mañana

Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual,
Gemma Pellicer y Fernando Valls (editores),
Editorial Menos Cuarto,
España, 2010.

Entre España y Latinoamérica cada vez más empiezan a abrirse, por fortuna, los afluentes de comunicación, aunque todavía son mayoría las editoriales españolas que publican obras de latinoamericanos que viceversa. No creo que se trate de apatía o negligencia, pues bien sabido es que autores como Javier Marías, José María Merino, Juan José Millás, Luis Mateo Diez, Javier Tomeo, Juan Marsé y (sobre todo) Enrique Vila-Matas, son bien apreciados y leídos en este lado del continente. Lo mismo sucede a la inversa: el Boom latinoamericano dejó improntas significativas en los oficios literarios postfranquistas y el rebotum, con Roberto Bolaño a la cabeza, quien ha sido el escritor-suceso del último lustro (aunque yo en realidad lo aprecie poco), no ha hecho menos. Con esto, o a pesar de esto, las vías de correspondencia fluyen todavía a una velocidad de tortuga, cuando debería ser lo contrario, tomando en cuenta que tenemos el mismo país (o, para no salirnos de contexto, la misma patria): el español. De ahí que Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, publicado por la editorial española Menos Cuarto y a cargo de Gemma Pellicer y Fernando Valls, sea una obra obligada y necesaria para la buena combustión de la tradición literaria actual, no sólo porque tiene a bien embalar las últimas voces de la narrativa española, sino porque su enfoque lo centra en un género al que se le concede, como en el bolero inmortal, poquita fe: el cuento. Vaya hazaña dedicarle noches enteras a apostar por escrituras postreras que ensalzan, de paso, un género que, afirman los taumaturgos, se lee poco o no se lee, a no ser que venga auspiciado por un gran sello editorial (Planeta, Santillana, Random House) y firmado por un gran nombre: Cortázar, Delibes, Borges, Goytisolo, García Márquez, Aldecoa, etcétera. Ante esto que podría considerarse una osadía, otra mayor: difundir los nuevos nombres del cuento español en México hasta que transfiguren los cánones casi inamovibles de la tradición latinoamericana. La selección de Pellicer y Valls es acuciosa, diversa y confluye, como ellos mismos señalan, en tres aspectos esenciales: “calidad, ambición literaria y singularidad”. Así como encontramos, pues, nombres que son familiares en México, como el de Andrés Neuman, Hipólito G. Navarro o Javier Sáez de Ibarra, leemos otros que, no por más ajenos, son menos importantes, como el caso de Carlos Castán, Ángel Zapata, Fernando Clemot y Óscar Esquivas. Además de muchas piezas magistrales que podemos leer en Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (yo gocé, por ejemplo, con “El demonio vive en Lisboa”, de Berta Vias Mahou; “Mecedoras”, de Ismael Grasa; y “El efecto coriolis”, de Cristina Cerrada),  también está el acierto de incluir la poética o declaración de principios de cada antologado, con la cual puede construirse el puzzle de las vertientes estéticas, tonales y temáticas más visibles del cuento español actual, que van, como bien lo señalan los compiladores, “desde un realismo que apenas si tiene ya nada que ver con el cultivado en el siglo XIX, al contar con ribetes expresionistas, fabulísticos, metafóricos u oníricos y minimalistas, más o menos sucios, y que alcanza lo fantástico; hasta discretas formas de experimentación que pasan por una cierta literatura del absurdo, pudiendo tacharse también de disparatada e incluso delirante”. Hay cuatro tensores narrativos que todos practican casi de manera coincidente: “El humor, la intriga, la sorpresa y hasta el estupor.” Y, agregaría yo, un gran cedazo: la depuración estilística. Con estos elementos, los treinta y cinco nombres que conforman este volumen nos brindan, además, no sólo un gran fresco de lo que es el cuento español hoy sino, sobre todo, lo que el tiempo –infinitamente más sabio que Harold Bloom para establecer cánones– irá salvando del olvido mañana. (por Rogelio Guedea)

La Jornada Semanal

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