Conducir un tráiler, Rogelio Guedea por Adelso Yánez

Fecha: 7 de Marzo de 2009
Autor: Adelso Yánez

Rogelio Guedea debuta en el mundo de la narrativa latinoamericana con su novela Conducir un tráiler, publicada recientemente por la prestigiosa casa editorial Random House Mondadori. Es el libro de un escritor al que la crítica considerará en muy poco tiempo un renovador de la narrativa mexicana contemporánea. La excesiva afición a relatos aparentemente inconclusos y temáticas tan variadas enfrentan al lector de Conducir un tráiler una panorámica muy compleja. Se trata de historias en apariencia inacabadas que más temprano que tarde encuentran su correlato. No obstante, un lector muy agudo podrá descifrar dos historias entrelazadas y perfectamente comprimidas: el viaje de Abel Corona a través de diferentes pueblos mexicanos en busca de una mujer llamada Hortensia y su retorno tras el pesar de su madre y, luego, su sórdida experiencia como empleado del Ministerio Público. La primera se inicia a partir de un robo de joyas que permite a Abel abandonar la casa paterna. Este paso constituye un momento álgido en la novela mientras que la historia subsiguiente, de tipo laboral, se centra de manera muy concreta en conflictos de poder legal y de índole sexual, relatados bajo la perspectiva de un narrador multívoco.
El relato de ambas historias consiste en un complejo juego narrativo: un ir al pasado para anunciar sucesos futuros o hablar en un futuro que se remite a eventos del pasado. Pero más allá de evitar toda ilación lineal, lo que es obvio en un escritor preocupado por plasmar altibajos de todo tránsito humano, queda allí en evidencia el recurso del suspenso, el retraso de los desenlaces de cada episodio y la presencia de personajes testigos que aparentemente no cumplen ningún rol y que por ello mismo se parecen mucho a los personajes de Alfred Hitchcock.
El narrador va validando una historia fascinante a través del uso constante de la citación, que le ayuda a entrelazar otras voces y a no perder la velocidad de la acción, porque Conducir un tráiler es una obra en la que siempre está sucediendo algo. La vida de la que habla (el narrador y el narrador testigo) conforma un espacio híbrido que brinda al lector (en muchos sentidos testigo y personaje de la novela misma) una especie de menú en el que paradójicamente no siempre se puede escoger qué camino tomar o qué experiencias vivir. El autor plantea disyuntivas al tiempo que recurre a registros lingüísticos altos y bajos del español. Hay una jerga de la cultura popular que se entrelaza con una serie de referencias de tipo intertextual que dialogan con obras y autores clásicos y contemporáneos. Emprender caminos desconocidos como hace el narrador-testigo implica enfrentar una serie de traspiés porque “conducir un tráiler es poner las manos en lo incierto”. Paradójicamente uno de los objetivos concretos de la vida del personaje consiste en forjarse no solamente como hombre sino como intelectual. Pero el contrasentido se desprende al observar un sujeto que cree más en el aprendizaje que le proporcionan las vivencias al deambular por diferentes espacios -incluyendo el mismo paso por diferentes escuelas- que en el conocimiento exclusivo que le otorga la mera y restringida vida institucional. De esta forma, ser empleado de un burdel, llevar a cabo tareas domésticas o ser trabajador de un supermercado no le impiden al personaje saciar su curiosidad. Se trata de un narrador culto que en medio de pueblos desérticos parece ser el único realmente cernido a un tiempo que pasó, está sucediendo y va a suceder. Es un sujeto observador, reflexivo y angustiado que comparte con los lectores la dimensión afectiva al dejar ver, por ejemplo, ciertas sensaciones corporales que le producen miedo.
Tras las historias de asesinatos de sus hermanos, el Abel Corona de Conducir un tráiler se interroga sobre la percepción de supuestas miradas que lo acechan así como del fugaz movimiento de un Maverick color negro que se volatiliza en fracción de segundos. La expresión del temor recuerda premoniciones del lector-espectador que encontramos en la novela policiaca. Sin embargo, a este narrador le importa formar parte de la acción y no ser un simple testigo de los hechos. Sus descripciones con respecto a otros personajes constituyen contraposiciones como si evadiera el hecho de pontificar: nada es completamente blanco ni negro. Por ejemplo, aunque “Clara es de pasiones fuertes, siempre fue muy discreta” o “un novio con cara de pendejo, pero con mucho dinero”. A veces -más que pesimista- el narrador se perfila como realista poniendo de manifiesto un rechazo al autoengaño: la vida equivale, pues, a librar batallas.
Conducir un tráiler conforma un imaginario a la manera de un ensamblaje de piezas, basado en la segmentación, atravesado por múltiples matrices discursivas y caracterizado por el uso de digresiones en las que la voz central rememora. Todo lector culto observará que la remembranza tiene un rol tan determinante que llega a percibirse como el mismo protagonismo del texto. El detonante de la narración es la venta de un rancho denominado El Mezquite en cuyo interior tiene lugar el asesinato de Rinconcillo, el hijo del compadre Sebastián Rincón. Se trata de un hecho introductorio, quizás banal, pero todo lector advertido descubre tempranamente que la tarea de configurar un posible hilo argumental abarca un vasto radio al tiempo que revela un trabajo titánico. Conducir un tráiler recrea a través de una densa descripción actividades del campo relacionadas con el cultivo de vegetales y la cría de animales. El contexto lo conforman pueblos áridos, desolados y polvorientos donde todo está por hacerse pero, paradójicamente, sus habitantes se sienten amodorrados.
Tanto los topónimos como el registro oral de narradores y personajes remiten a México. No obstante, el lector conocedor de realidades socio-culturales se sentirá convidado a establecer una serie de paralelismos entre diversos contextos latinoamericanos. En esta novela el lenguaje narrativo es siempre directo y se percibe una clara intención de mezclar –y confundir, incluso- lo urbano con lo rural. En ocasiones es procaz al detallar la dureza y complejidad con la que se enfrenta el ser humano en su tránsito por la vida. En Conducir un tráiler no se puede hablar de elementos estructuradotes sino, más bien, de una encrucijada de temas. En la medida en que avanza el relato la voz principal de Abel -que a veces es personaje y a veces narrador testigo- plantea al lector ciertas interrogantes: el motivo del asesinato del hijo del compadre obedece a ¿deudas por ganado o tráfico de drogas? ¿El asesinato de Ismael se explica por su condición de homosexual o se trata más bien de una venganza o de un crimen pasional? ¿El asesino se llama Torito o es otro sujeto? El lector se enfrenta a la lectura de un texto que si bien ambos narradores han urdido muy finamente estos retrasan el desenlace de cada episodio o invitan al espectador a inferir el final del mismo. Hay, pues, un crescendo constante que mantiene al lector in suspense.
Aunque el sujeto femenino aparece descrito bajo múltiples rostros la mujer constituye en gran medida objeto de disputa. Por ejemplo, el rapto de mujeres que desatiende todo parentesco -incluso el consanguíneo- recuerda una tradición que se contrapone a restricciones sociales impuestas por el machismo: el padre del narrador se roba a la que será su futura mujer, el narrador tiene sexo con su prima Clara y a su vez Abel colma el deseo carnal e insatisfecho de su cuñada puesto que está casada con su hermano que es homosexual. El recurso a la citación queda muy bien ejemplificado cuando el narrador Abel pone en su boca las reflexiones de su difunto hermano: la expresión de la vergüenza al quedar descubierta su homosexualidad. En esta novela el poder patriarcal, masculino, incestuoso y muy acendrado en el imaginario social es determinante puesto que funciona como espejo de las nuevas generaciones de hombres. Así, un sujeto en perfecta contradicción aconseja a sus hijos a no ser violentos cuando éste lo es. El peso de la figura regidora no se diluye ni con la muerte pero la desaparición física es frecuentemente razón del desmembramiento familiar. Conducir un tráiler es una novela sobre el sexo tratado siempre como punto central, con énfasis en el gozo carnal y con un claro asedio a lo femenino: las putas son las mejores amigas del hombre. Una novela en que la violencia física provocada por límites territoriales y el consumo de drogas por afición personal o con fines de lucro forman parte del escenario cotidiano del narrador principal. Vale decir que las venganzas se presentan en esta novela como actos más injuriosos que reparadores.
El poder económico es otro factor que pone de relieve las diferencias entre miembros de un mismo núcleo así como entre familias. El dinero aparece, pues, como marcador distintivo entre quienes poseen o no, entre quienes pueden adquirir y demostrar o no, entre quienes llevan un gran apellido y quienes no. Es el reflejo de las ya muy polemizadas desigualdades socio-económicas entre clanes que se acentúan cada vez más tanto en contextos urbanos como en el campo. El interés del narrador por adentrarse en descripciones grotescas -pero no por ello ajenas a la realidad-, dan cuenta de cierto morbo al tiempo que ofrecen una visión fútil de la muerte. Levantar un cadáver, encontrar la pierna de un occiso adherida a la rueda de un tráiler y el asesinato de Cecilio Chico en manos de Bulmaro aparecen relatados como en una película de horror. Lo mismo ocurre con la afición de Abel por las necropsias, las alusiones a la muerte como transacción mercantil, la conducta necrofílica de Don Chuy y la pedofilia son descripciones que no pueden sino producir aversión en el lector. Pero a estos temas hay que agregar el tono periodístico que adopta el narrador con respecto a la construcción discursiva de dichos relatos. La narración fluye por “los pueblos de México”, denominación bajo la que se esconde la Colima natal del autor, y también por las relaciones de poder en un ambiente hostil. Es en el fondo una novela sobre el aprendizaje que deja la vida y sus devastadores efectos en un narrador que, aunque alucina, se niega a autoengañarse. La narración ofrece una visión tormentosa en una sociedad tan compleja y caótica como la mexicana. Pero queda en evidencia la inteligencia del autor capaz de brindarnos profundas reflexiones a lo largo de su recorrido.

Caribe. The journal of Caribbean culture and literature is a joint end

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1 comentario en “Conducir un tráiler, Rogelio Guedea por Adelso Yánez”

Estimado colega, mi trabajo “Entre la opera y los motores diesel”, Planeta 1992, toca el tema de los trailers. Mi novela policial Patrullas Nocturnas fue Premio Nacional de Novela 2005. Avisame donde puedo conseguir tu novela. Cordiales saludos, Ricardo Clark

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