Dos Novelas: Una Buena y Una Mala ¿Cuál Quieren Primero? por Édgar Amador

Bernardo Esquinca publica en “Letras Libres”, Rogelio Guedea no. La última novela de Rogelio Guedea no quería que se acabara. La última novela de Bernardo Esquinca ya me andaba por que se terminara.
Allí donde Guedea sorprende, Esquinca es predecible. Allí donde Guedea es divertido, Esquinca no sale del lugar común. Los personajes de Guedea tienen densidad y forma, giros inesperados, los personajes de Esquinca apenas si califican como tales. Guedea tiene tres o cuatro argumentos, uno se malogra (¿qué pasó al final con ese trailero?), pero el resto se concluyen con maestría. Uno nunca acaba de saber cuál de los múltiples argumentos de la novela de Esquinca es la columna del trabajo.

¿Por qué Esquinca está publicado por el Fondo de Cultura Económica y Rogelio Guedea no?

Es inevitable compararlos. Este fin de semana viajé a Houston y para el camino me llevé para leer “Los Escritores Invisibles”, de Bernardo Esquinca que había comprado algunas semanas antes, básicamente entusiasmado por la lectura previa de “Conducir un tráiler”, de Rogelio Guedea. La novela de Guedea la empecé y no la pude soltar, es rápida, cachonda, violenta y misteriosa, hay un par de personajes entrañables y la novela se siente cerquitita, con un final de road movie que queda perfecta para la trama.

Esa emoción de Guedea me llevó a pensar que esta generación de jóvenes narradores, que cuenta con un Vicente Alfonso y con un Rogelio Guedea (ambos en Mondadori), podría también producir un Esquinca. Máxime si era el FCE el que lo publicaba.

“Los Escritores Invisibles” es desde el título algo tan malogrado, que las referencias a “Los Detectives Salvajes” resultan inanes: la editorial se llama “Bolaños y Fonseca”, el personaje busca a un misterioso escritor cuyo manuscrito perdido amenaza con dinamitar la industria editorial. Ay Bolaños, cuantas malas novelas se hacen en tu nombre (¡y las publica el FCE!).

Lo peor es que Esquinca tiene una historia que contar. eso es lo peor. La historia del novelista misterioso, de las amas de casa que escriben novelas eróticas, el personaje de Héctor, la relación con David, la historia de la editorial, empiezan muy bien, pero no llegan a ninguna parte. La tía de repente se muere justo cuando su historia comenzaba a cuajar (esa si fue decepcionante) Es una verdadera lástima. La prosa es predecible pero habría dado para seguir con las tramas pautadas y llevarlas a buen fin.

Por alguna razón, Esquinca mata un conjunto de tramas divertidas e interesantes, y la novela se disuelve en una madeja descuidada (la persecución de Jaime por el esposo cornudo de plano es funesta, y la moraleja de la novela de Roberto es lamentable) y echa al traste el buen diseño inicial de las tramas.

Van entonces para los esporádicos lectores de este Blog dos recomendaciones de sendas novelas escritas por escritores jóvenes mexicanos. A ninguno de los dos conozco, así que tengo la ventaja de recomendárselos desde mi licencia de lector desinteresado en lo absoluto por lo que alguien pueda pensar al respecto.

Las Piedras en el Camino

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