La luz esencial en la narrativa ultracorta de Rogelio Guedea, por Francisco Martínez Bouzas

Microrrelato, cuento breve, microcuento, hiperbreve, minirrelato, narrativa ultracorta…No importan los nombres, sino el reto, la apuesta de aquellos escritores que se atreven con esta quintaesencia de la literatura, que no es un fenómeno nuevo, pero si arduo y que demanda escritores con riñones poderosos. Condensar estructuras narrativas completas en muy pocas palabras. Hay quien establece el límite en ciento cincuenta caracteres. Casi como esos mensajes que enviamos por móvil.

Rogelio Guedea, un escritor en las antípodas, mexicano residente en Nueva Zelanda, asume el reto y demuestra su maestría en este pequeño volumen, “un espacio en el que las fronteras de la expresión se disuelven, donde pongo en juego todos los recursos estilísticos habidos y por haber”.

Menoscuarto Ediciones nos ofrece esta pequeña y singular joya, que el autor estructura en tres partes. Las dos primeras, “Andenes” para el escritor, “La literatura del guardagujas” y “Portaequipajes”, se nutren de prosas en las que Rogelio Guedea deja constancia de su filosofía vital y de sus principios filosóficos y estéticos. En pequeñas piezas reflexivas, R. Guedea nos habla de los destinos humanos, destinos marcados, como los senderos de las hormigas, para no perdernos. Nos grita palabras contra la represión, palabras contra los que maniatan las palabras contra la represión. Nos hace partícipes del sentimiento de extranjeridad (“había entre su sombra y su prójimo una red de cristal”, página 17). Enjuicia la vida como sucesión de encuentros y desencuentros ateorizables, con la percepción de la realidad tantas veces emborronada, como cuando un paño de vaho se extiende ante nosotros. Y llega a decir que somos un perro ciego que llevamos nuestros zapatos hacia ninguna parte. Varios de estos textos pueden leerse como series conexionadas de forma explícita o implícita. La sutura es obvia  en “El oficio”, que se prolonga en tres minirrelatos. Es menos explícita en otras narraciones, hechas del vivir diario y de esos momentos de prosas delicadas, familiares, en las que trae a escena la relación con su hijo.

Pero será preciso alcanzar el tercer andén y su “Vía libre” para darnos de bruces con una explosión de belleza y de emoción, absorbidas y expresadas lingüísticamente. Textos igual de breves, pero mucho más narrativos. Con prosa torrencial, a veces dura, otras muy sensual, lúbrica, capaz de seducirnos siempre, Rogelio Guedea nos regala cuentos concentrados al máximo, hermosos y precisos como teoremas, muy cercanos a la prosa poética y en los que encierra ese momento de luz esencial de una historia pensada o vivida. Que el lector no pase por alto esa reescritura de una fábula de Kafka del relato “La mujer que compraba botones para la camisa rosada”; el terror contado en catorce líneas del relato “Torturas”; el amor que viaja en el carrito de compras del relato “Supermercados”. Y sobre todo los seis relatos seriados de “Mujer portátil”. Un homenaje a la mujer. Ante su lectura quizás resuenen de lejos aquellos ecos del Libro de los Proverbios que Fray Luis de León tradujo en dos versos: “Mujer de valor, ¿quién la hallará / Raro y extremado es su precio”. Mas sin encintar los úteros y precintar los deseos y escritos con tal expresividad que nos hace sentir un nudo en el estómago:

“Mujer que se orine en el imperialismo yanqui / Mujer que nunca diga no:mejor. Una mujer que traiga siempre una bolsa de aire. Y un destornillador. Mujer con llave maestra en las caderas: mujer con un vino rosado para cada ocasión. (…) Mujer sin esquinas: para que nunca termine de empezar. Mujer que no llore por su país. Que ella misma sea un país y que habite. Mujer tuerca o perno. Mujer que me haga falta día y noche, como este día y esta noche que no termino de cantar. (…) Mujer sin distancias, sembradío de chiles verdes, rábano y papayas ( sobre todo papayas sus maduros senos como dos luciérnagas bajo la noche de abril ). Mujer que sepa a mar y mar que no termine en sus espaldas. Una mujer con un piano en los ojos y un testamento en blanco que no quiera firmar” (Páginas 78, 81, 88)

No cabe duda alguna que Rogelio Guedea domina la gramática del microrrelato: títulos perfectamente elegidos que ejercen con eficacia su función de “dirección”; economía de medios, núcleos diegéticos explícitos o implícitos, textos sugerentes que le encomiendan al lector la tarea rellenar lagunas y elaborar su propia historia. Y una correcta geometría de las palabras para conseguir del lector el efecto pretendido. Por todo ello, Rogelio Guedea es ya una realidad consolidada de la actual literatura latinoamericana, del que sin embargo cabe esperar nuevos y exuberantes frutos.

Brújulas y espirales

Escribe un comentario en este libro

2 comentarios en “La luz esencial en la narrativa ultracorta de Rogelio Guedea, por Francisco Martínez Bouzas”

ME GUSTARÍA EL PODER DE SÍNTESIS DE ROGELIO…PERO ME ENGANCHO EN UNA RAMA, ME ADENTRO EN EL OJO DE UN GATO, O SIGO Y PERSIGO USANDO PALABRAS EL CEÑO FRUNCIDO DE UN DOCENTE INSEGURO. GRACIAS ROGELIO POR TU EJEMPLO. CARIÑOS DE CARMEN

Gracias amigo por el deleite de esos sentimientos expresados.desearle cosas y hermosas.
Le envío algo mío:
UNA LÁGRIMA.
Una lágrima es eso que humedece los ojos del mundo, y que el mundo se empeña en ocultar.
Es eso que nos tragamos tantas veces por soberbia, por orgullo, por demostrar fortaleza y queda atorada en la garganta, apretada en el corazón comprimiéndolo todo.
Es tan profunda que nos sabemos con certeza de dónde nace, ni si podrá morir alguna vez.
A veces una lágrima cicatriza una herida, lava una pena y ablanda el corazón.
Una lágrima es un recuerdo, una angustia, una desesperación, un interrogante.
Una lágrima puede ser a veces el comienzo del perdón, la primera luz de la rectificación, que hace estrechar una mano.
Una lágrima puede ser rebeldía o arrepentimiento. Odio. Amor, Luz o sombra.
Una Lágrima puede ser el zuño desvanecido que rozó nuestros parpados o el amor perdido que aun esta dulce, húmedo.
Una lágrima es a veces la gota mágica que hace cambiar por dentro, cuando tenemos que pagar nuestra cuota de dolor, la lágrima ayuda.
Cuando la derramamos en el corazón querido, o en la intimidad de la amistad la lágrima une, estrecha, funde. La lágrima transforma enseña, disuelve los rencores, las espinas, las malas yerbas que van creciendo e impiden acercarse, abrazarse, comprenderse. La lágrima descubre.
El que ignora los motivos por los que las derramas, no te conoce…!
¡DICHOSOS LOS QUE SABEN LLORAR!!

Comentarios